HUMILLACIÓN A LOS MÁS DÉBILES

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Es raro el día que no
leemos en los periódicos noticias tan desagradables como es el cierre de algún
centro social dedicado a la prestación de asistencia a discapacitados físicos o
psíquicos, o bien que los empleados que los atienden llevan meses sin cobrar un
céntimos de la nómina, todo ello  debido
a los recortes en materia de la subvenciones (ayuda social) que venían
recibiendo por parte de las Administraciones Públicas.

 

 

Podemos hablar de los discapacitados, de los ancianos, de
los dependientes, en general, que han visto cómo la primera partida
económica que se ha sacado o reducido de los Presupuestos Generales del Estado
ha sido la que atendía su día a día. Estamos viendo como las administraciones
no velan por las necesidades de estos ciudadanos, como se espera que se haga
con nuestros impuestos.

 

 

Esta opinión que hoy
expongo está motivada por la observación cotidiana de la “humillación” que
están sufriendo todas estas personas con problemas de discapacidad, extensible
a sus familias y personal  dedicado a los
cuidados que requieren. La ineptitud de los gobiernos para darle solución es
patente y no creo que haya descubierto nada nuevo; todos somos conocedores de
esta realidad social. La alta política actual se olvida de las personas… esas
que nosotros sí vemos a diario, no sólo como profesionales y familiares, sino
como seres humanos que somos, que soy.

 

 

Si he calificado de
humillación la situación a la que se está llevando a todo estas personas , lo
hago conscientemente, pues hoy en día este termino podemos entenderlo como un
nuevo fenómeno que surge como consecuencia emocional de la que probablemente
sea la novedad moral más importante de los tiempos modernos: la idea de que
todos los seres humanos ,independientemente de las diferencias que existan
entre nosotros, nacemos con los mismos derechos y con igual dignidad.

 

 

La  exclusión,
el ignorar el sufrimiento y las miserias de los otros, por acción o por
omisión, son hoy día actos que han dejado de pertenecer para muchas personas al
orden natural de las cosas y que atentan contra el principio básico de
humanidad.

 

 

 Espero que ya hayamos tocado fondo en esta
crisis y todo lo que nos venga en próximas fechas sea para subir y salir, para
mejorar. Así lo espero y deseo, porque la desesperanza es mala compañera.

 

 

La solidaridad de la
sociedad para defender los derechos de todos los ciudadanos, especialmente en
estos momentos de dificultades económicas, debe exigir, por justicia, y por
defender el Estado social, el cumplimiento de la ley. De lo contrario seremos
responsables de las consecuencias de su incumplimiento.


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