Personas y más personas, por Carmen Ibarlucea

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Las
mujeres y lo que les concierne, son parte integrante del pasado, del
presente y del futuro colectivo. Los hombres tienen en cuanto a
protagonismo y responsabilidad, la misma contribución real a nuestra
Historia y a nuestro presente, no más; sin embargo, solemos olvidar
que pasado y presente debe ser presentados como la realidad que
comparten, y en la que nos relacionamos unos y otras.

¿En
qué temario escolar de literatura se nombra a la primera persona que
escribió teatro en la Europa medieval? ¿donde aparecen las
observaciones científicas que dieron luz sobre la evolución o el
cuidado de la tierra? ¿Por qué seguimos guardando silencios sobre
sus nombres? ¿porque eran mujeres y las mujeres no importan?

Nos
hemos acostumbrado a ignorar a las mujeres, sus contribuciones a la
economía, a la cultura y al equilibrio social, en el ámbito de lo
público. Las amamos en lo privado. Amamos a nuestra madre, a nuestra
hermana, a nuestra esposa… y pensamos que eso es suficiente.

El
sistema capitalista que ha tomado posesión de nuestras vidas nace y
crece sobre las premisas que planta Adam Smith en su libro
“La
Riqueza de las Naciones” donde reflexiona:

No
es de la benevolencia del carnicero o del panadero que esperamos
nuestra comida, sino de la consideración que ellos hacen de sus
propios intereses. Apelamos, no a su sentido humanitario sino a su
amor por ellos mismos

Pero
el señor Smith no aplica el mismo rasero para las mujeres, pues es
de la donación generosa del tiempo de las mujeres, de su
benevolencia, de la que espera que los hombres obtengan la comida
cocinada, la ropa limpia, un entorno agradable y cuidado (hogar) y
las nociones básicas de educación, aprendidas durante la infancia,
que nos permiten convivir en sociedad.

Todo
este silencio que nos rodea, es violencia. Violencia contra las
mujeres.

Es
8 de marzo y celebramos el día de la mujer, pero desde el comienzo,
desde las primeras convocatorias a comienzos del siglo XX, este día
está relacionado con el deseo de paz, de protestas claras contra las
guerras… las guerras que nos empobrecen, donde mueren nuestros
hijos, padres o esposos; desde el principio el movimiento feminista
reclama justicia social para
tod@s,
reclama la visualización de las mujeres, reclama equidad de derechos
sin tener en cuenta el sexo, reclama liberarnos del yugo patriarcal a
todas las personas.

Quizás
ustedes piensan que ese yugo ya no es tal, al menos en Europa… y yo
les respondo que seguimos siendo cautivos de utopías masculinas.
Jean-Jacques Rousseau en el libro V del “Emilio”:

toda
la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres”.

Y
Karl Marx, sueña:

una
vez implantado el comunismo, los hombres irán a pescar por la
mañana, a cazar por la tarde y dedicaran las noches a conversar.”

¿¡…!?

Incluso
mi admirado Kropotkin era contrario al sueño feminista. Y creo que
ahí radica la diferencia que nos impide avanzar con paso firme. Las
mujeres somos capaces de dejar de lado esas cuestiones menores y
centrarnos en lo que merece la pena, supongo que es por una
imposición biologica de la que no nos podemos zafar, somos madres de
futuros hombres y de futuras mujeres. Miramos el pasado y admiramos
tanto a las buenas (y rebeldes), como a los buenos.

Hasta
ahora, han sido los varones occidentales quienes definen los
problemas y plantean soluciones. Sucede entonces que dando una
vistazo general encontramos un desequilibrio entre teoría y
práctica. Se define el desarrollo como el
crecimiento económico, a partir del cual se podía lograr el
bienestar de las personas. Pero en la práctica la economía se ha
convertido en un fin en sí misma, y las personas han pasado a ser el
medio que la sustenta. Y para entender por qué llevamos más de 100
años celebrando este día incansables, habría que comenzar
preguntándonos por qué de entre los pobres del mundo, la pobreza es
mayormente femenina y cuales son las causas de nuestra pobreza.

La
filosofa francesa Sylviane Agacinski reflexiona:

La
diferencia sexual, siendo tan universal, no define absolutamente qué
papel juega la organización práctica de las relaciones humanas. No
implica en sí misma ninguna institución particular, ninguna
segregación, ninguna jerarquía de ningún orden —económico,
social, político, religioso o cualquier otro—. El firme cimiento
de las diferencias anatómicas y fisiológicas sugiere, en rigor,
unos tipos de comportamientos (…) pero no puede programar nada que
sea de orden social, jurídico o institucional 1

Hay
una realidad innegable, en el mundo hay más mujeres analfabetas que
hombres en las mismas circunstancias, más desempleadas (de trabajo
remunerado), un desequilibrio salarial injusto que ofrece a las
mujeres menor salario en igualdad de empleo con los varones (vean el
caso del cacao donde las mujeres ganan $ 02.03 diarios, mientras los
hombres cobran $7 por día); pero nada de esto está recogido en las
leyes. No hay prohibiciones expresas para evitar el acceso a la
educación en las mujeres, ni se establece en los convenios laborales
la diferencia salarial… todo nos viene dado a priori desde la
privacidad de nuestros hogares y la construcción mental que desde la
infancia, hacemos del mundo. Los roles estereotipados fortalecen las
relaciones injustas, favorecen la subordinación y la dependencia,
propician el concepto negativo de uno mismo-a al no poder alcanzar la
perfección en el modelo esperado.

Según
datos de la ONU, publicados en su Foro de Población, una de cada
tres mujeres en el mundo sufre malos tratos o abusos sexuales. Los
fríos datos hermanan a las mujeres europeas con las africanas, a las
indígenas americanas con las asiáticas y simplifican la visión de
una problemática compleja.

¿Y
que es eso tan traído y llevado de la perspectiva de género? Lo que
nos define como hombres o mujeres es un concepto cultural, más que
biológico, la biología solo nos pone en el lugar de embarazarnos y
amamantar o no, pero la cultura nos dice cuales son los
comportamientos que se esperan de nosotros en relación a nuestra
potencialidad reproductiva. Por eso trabajar la perspectiva de género
es un reto cultural y debe engloba tanto a unas como a otros,
trabajar con perspectiva de género para la equidad es trabajar con
todas las personas para alcanzar el objetivo. Permanecer anclados en
unos roles fijos determinados es poner límites a nuestra libertad y
a nuestra capacidad de desarrollo personal.

Actualmente
hay algo que nos separa como mujeres, curiosamente es lo mismo que
nos une. La relación directamente proporcional entre influencia
formativa occidental y maternidad.

Las
mujeres analfabetas tienen una tasa global de fecundidad de 7.1, si
asistieron los primeros años de escuela su tasa de fecundidad será
de 5.1 , si fueron a secundaria será de 3.1 y si tuvieron estudios
superiores el promedio será de 1.9 (Fuente: Mujeres Peruanas, al
mitad de la población del Perú a comienzos de los 90. Centro .
Lima. Abril 1993).

Por
ello es necesario tomar conciencia de que de lo privado emana lo
público, de los estereotipos que nos atrapan nacen las injusticias
que sufrimos. Y aunque tradicionalmente se espera de un hombre
capacidad de mando, autonomía emocional y resistencia física, no
cabe duda que los espacios de ternura recuperados, el contacto
placentero con los hijos e hijas, y el aprecio hacia las pequeñas
tareas cotidianas son ventajas que los varones adquieren en esta
nueva organización social.

Y
en el plano general, es más fácil aún observar sus beneficios, una
sociedad más plural que respeta las diferencias, es menos bélica.
Una sociedad con mayor co-responsabilidad no permitirá los abusos
hacia la infancia, que es la víctima propiciatoria de la actual
situación de injusticia y discriminación.

Resumiendo,
feminismo no es lo opuesto a machismo. No es tampoco un movimiento de
mujeres y para mujeres, es un movimiento de personas buscando
escribir una Historia verdadera y un futuro sin silencios.

1
Agacinski, S. Política de sexos, Taurus ediciones 1999, pag 140


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