PARTICIPACIÓN Y REPRESENTACIÓN

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Podría
decirse que todo ciudadano lleva un político dentro. En el trabajo,
en el autobús, en la fila del banco… da igual donde estés, los
ciudadanos no dejan de opinar sobre lo mal que está todo, sobre qué
debe y no debe hacerse, sobre cómo y cuándo hacerlo; en definitiva,
sobre cómo atajar y dar solución a cuánto les preocupa.


Algunos
de esos ciudadanos dan un paso al frente y abanderan movimientos en
defensa de aquéllos que se encuentran en situaciones desesperadas.
Se manifiestan a favor de la sanidad y de la educación pública, en
contra de la ley de tasas o de la reforma laboral. Se organizan en
plataformas para frenar los desahucios y proporcionar cobijo a
desahuciados e inmigrantes; estos últimos vinieron un día a nuestro
país en busca de un futuro, tal y como hacen hoy nuestros jóvenes
en el extranjero. Crean bancos de alimentos y colaboran en comedores
sociales. Son la cara amable de una crisis que está despertando la
solidaridad de muchos y poniendo en evidencia a otros. Frente al
“¡que se jodan!” de Andrea Fabra o “la peineta” de Bárcenas,
es mucha la gente buena que se entrega a una causa común y siente
respeto por el común de la ciudadanía.


Los
últimos en manifestar su descontento con el panorama actual de este
país han sido nuestros actores. Muy criticados por ello y por lo
crudo de su mensaje, han sido atacados por entender que entre su
discurso y su estilo de vida hay una gran brecha. En definitiva, por
pertenecer a un colectivo tal vez privilegiado, que lejos de
distanciarse de sus conciudadanos más desfavorecidos, los defiende y
alza su voz haciendo uso de una plataforma que así se lo permite. Es
este el ejemplo que debe cundir y el que asusta a quienes saben que
la voz de un parado o de un desahuciado sin una plataforma que la
difunda no se oye; es un grito mudo. Por ello, mi gratitud para
quienes vistan de Armani o de la modista de su barrio, ponen sus
altavoces a disposición de los intereses de todos y no solo de los
suyos propios. Me quedo con los actores y su faceta política, antes
que con los políticos que como nuestro Presidente del Gobierno hacen
un papelón actuando conforme a un guión que como poco resulta nada
creíble.


Defendamos
una educación pública que, con independencia de su origen, forme a
los ciudadanos que mañana serán nuestra voz. Ciudadanos capaces,
preparados, implicados e íntegros. “Todos somos electores y
elegibles”, esa es la grandeza de la democracia. Pero toda vez que
das el paso y te eriges en representante público, debes seguir
siendo sensible con la realidad de la ciudadanía que te eligió y a
la que representas; sólo así se puede acertar con la respuesta. Lo
contrario, puede hacer que el ciudadano llegue a la conclusión de
que las soluciones planteadas lo son… en “diferido”.


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