Enrique Ponce, un “hombre hecho a sí mismo”

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“El hombre que torea como si se estuviese tomando un café”. Así definió José María Manzanares padre a Enrique Ponce. Ahora, un libro, Enrique Ponce, un torero para la historia, recoge esa afirmación entre muchas otras de personalidades españolas. Hay que tener en cuenta que el prólogo lo firma el mismísimo Mario Vargas Llosa. Con fotografías de su vida personal con su esposa Paloma Cuevas y sus hijos, y con otra parte dedicada a su trayectoria, el libro está firmado al alimón por el propio torero y el periodista Andrés Amorós, que asegura de entrada que la autoría a dos bandas no responde a ninguna estrategia comercial: “Lo que yo he escrito está en letra redonda y lo suyo en cursiva. Se ha implicado totalmente en el libro”, asegura a Vanitatis.

El libro cuenta la historia de un niño que soñaba, desde los siete años, con ser torero. Tal era así que no se veía a sí mismo haciendo otra cosa, y eso fue lo que lo llevó a irse a Jaén desde su Chiva natal siendo apenas “un crío”, donde sí que había ganaderías. “Le conté esa historia a un amigo mío que fue ministro y le fascinó la historia de un niño que siempre tuvo clara su vocación”, afirma Amorós. El autor del libro también asegura que la ‘difícil facilidad’ que ha caracterizado su toreo se podría aplicar a su propia personalidad: “Hay grandes artistas que son personas muy complicadas, como lo fue por ejemplo Luis Miguel Dominguín. Enrique es diferente. Lo quiere todo el mundo que lo conoce. De hecho, en su pueblo casi todo el mundo lo llama por su nombre”.

Otra de las facetas del torero es su “inquietud cultural” a pesar de que, como muchos otros de su profesión, no pudo estudiar. Además, en una época en la que estamos acostumbrados a que los toreros se conviertan en carne de ‘reality show’, Amorós diferencia también a su biografiado de ese grupo: “Esa no es su línea. Casi puedo asegurar que no va a hacer ese tipo de cosas una vez que se retire. Lo que ocurre es que está casado con una mujer muy guapa y también es normal que interese su vida personal”.

Esa vida personal que se refleja en el libro contiene citas que no dejan duda acerca de su carácter de hombre familiar. Su hija Palomita conoce bien su dedicación al mundo del toro. El torero asegura en el libro que su hija sabe a lo que se dedica y siempre lo despide con un  “Papi, suerte”. También habla de cómo intentó volver a ver, repetidas veces, a Paloma Cuevas, la chica de la que se había quedado prendado desde la primera vez que la vio. El noviazgo comenzó a distancia, ya que ella estudiaba en Estados Unidos y él la esperó hasta que acabaron casándose en 1996.

Este ‘torero para la historia’ nunca ha puesto, según Amorós, “condiciones a la hora de torear como si han hecho otros de sus compañeros de profesión”, sigue toreando cada día y vive tranquilo con su familia. Como bien insinúa Amorós, Enrique Ponce es una persona sencilla, sin líneas obtusas ni demonios internos, que hace fácil lo difícil: torear.


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