A UN GRAN SEÑOR, MI PADRE

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El día 19 de marzo celebramos San José, el
Día del Padre. Muchos piensan que es una fiesta consumista, yo no lo creo así.
Para mí este día es un día de recuerdos, de momentos vividos con gran
intensidad. Es el día en que más fuertemente viene a mi memoria y a mi corazón
la figura de mi padre, Pepe, como así lo llamaban sus seres más queridos,
Santos, como lo llamaban sus clientes y conocidos.

 

En nuestra familia era un día especial, pues
especial era mi padre y como tal lo celebrábamos. Un hombre sereno, lleno de
sensibilidad, amante de la familia y buen amigo de sus amigos, compasivo y
bondadoso. Y a pesar de su aspecto de seriedad, era la persona más divertida en
los momentos en que el buen humor debía ser la nota reinante.

 

Con él iba aquella frase que se
dice “Tiempo de calidad”,pues si una cosa sabía hacer muy bien mi padre
era disfrutar tanto él mismo como hacer disfrutar a los que estábamos a su
alrededor de la vida, pero con calidad.

 

La idea de celebrar el Día del padre surgió
en el año 1910,
y fue encabezada por Smart
Dood
, una estadounidense que intentaba, de alguna forma, hacer
que el papel de los padres en la sociedad fuese destacado en la educación de
los hijos. Mi padre no necesitaba de ello, pero este día, el de San José y a su
vez el día del Padre, el mío lo tomaba por partida doble.

 

Claro 
que todos los días son para celebrar la vida y a las personas que
amamos  y aunque estas letras son  para mi padre que ya no está en este mundo,
es un ejemplo de como podemos ser eternos en los corazones de nuestros seres
amados y un recordatorio para demostrar siempre nuestros sentimientos.

 

La muerte le apartó muy pronto de nuestro
lado, pero su estela quedó para siempre entre nosotros y hoy puedo decir que
ahora
soy lo que soy por los valores que él me inculcó en compañía de mi madre.

 

Él me mostró el camino a seguir, un camino
que no era fácil, que tendría espinas, piedras, obstáculos por pasar, cosas
dulces como el dulce de leche y amargas como la mentira; tendría oscuridad, sinsabores
pero también tendría amigos,  y gente por
la que luchar.

 

Me dio las herramientas para poder caminar
siempre sobre el camino correcto, me enseñó como tener  luz brillando y calor como el sol, me enseñó
a no mentir, a vivir con justicia, a no discriminar por nada, ni por sexo, ni
por piel, ni por religión, a ser iguales ante los ojos Dios, y ante los ojos de
nuestro prójimo.

 

¡Mi padre era un gran señor!

 

Un gran árbol con las raíces bien plantadas
que aún sigue dando frutos en sus descendientes, sus nietos, que han aprendido
a seguir su estela. ¿ No merece seguir teniendo su día él y el resto de los
padres?


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