“STABAT MATER”

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[Img #25996]“Stabat
Mater Dolorosa” (Estaba la Madre dolorosa)

Iuxta
crucem lacrimosa (Junto a la Cruz, llorosa)

Dum
pendebat filius (En que pendía su Hijo).

Cuius
animam gementem (Su alma gimiente)

Contristatam
et dolentem (Contristada y doliente)

Pertransivit
glaudius (Atravesó la espada)


Tercera
palabra de Cristo en la Cruz: “Mujer: aquí tienes a tu hijo…
Aquí tienes a tu madre ” (Jn., 19, 26-27). Sin nadie más en la
Tierra, la expiración a punto, camino su Madre de la soledad, a
quién encomendar su cuidado sino al discípulo amado, Juan y, junto
a él, a todos los cristianos. El papa Pablo VI la declara Madre de
la Iglesia en la clausura del Vaticano II (21 de noviembre de 1964):
“Proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, Madre de
todo el pueblo de Dios, así de los fieles como de los pastores que
la llaman Madre Amorosa… Tú, que por tu mismo divino Hijo, en el
momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al
discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano que se confió
a Ti…”


La
Madre tiene otro hijo; el discípulo más amado tiene a su madre.
Testamento del amor recíproco: quien recibiere amor, entrega todo su
amor. Todo lo recibió de su madre en la tierra quien ahora se
entrega a su Padre; pues qué triste fuere darlo todo sin recibir
nada; ofrendarlo por siempre en la última hora.


Traduce
Lope la segunda secuencia del “Stabat Mater”:



“Oh, cuán triste y cuán aflicta

se
vio la Madre bendita,

de
tantos tormentos llena!

Cuando
triste contemplaba

y
dolorosa miraba

del
Hijo amado la pena.”

La
Virgen de pie, a la derecha de Cristo Crucificado; Juan, a la
izquierda, tema del arte cristiano. El “Stabat Mater” ha
ilustrado cerca de doscientas composiciones musicales: Palestrina,
Haydn, Vivaldi, Liszt, Verdi… La Madre sufriendo a los pies de la
Cruz.


Los
cristianos tenemos dos madres en nuestra vida: la que nos la dio, nos
ampara y protege, a quien siempre recurrimos y apelamos; y la Madre
del cielo, a quien suplicamos mercedes y amparo, bajo advocaciones
mil: Montaña, Puerto, Argeme, Altagracia, Guadalupe, Prado, Encinar,
la Jara, Piedad, Santa María del Trampal, Soledad, Eulalia…, mil
nombres de la Madre, con nombres de formaciones vegetales, especies
cultivadas, plantas mediterráneas, como la vid y el olivo; árboles
y gramíneas; de sauces, enebros, fresnos y sabinas; árboles
míticos…, tantos nombres y advocaciones como la riqueza cultural y
etnográfica de España que nos rodeare; tantos como nombres de
mujer, de topónimos, a los que invocamos así en la tierra, tan
cercana a nosotros, como al cielo que nos acoge… “Stabat
Mater”, siempre junto al Hijo, como nuestra madre terrenal, como
la nuestra en los cielos…, según los versos de la séptima
secuencia del “Stabat Mater” de Lope de Vega:


“Porque
acompañar deseo

en
la Cruz, donde le veo,

tu
corazón compasivo”


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