LOS MUERTOS VIVIENTES

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[Img #26147]No
están muertos, pero viven como si lo fueren. Ni se les ve ni se les
oye; están, pero no se les espera; pero continúan ahí, agazapados,
escondidos, avergonzados de su situación. Viven sin vivir en sí,
como santa Teresa: “Vivo sin vivir en mí/ y de tal manera
espero/ que muero porque no muero…” Fuera de la necrópolis,
donde reina el silencio de los muertos, la ciudad, los pueblos y las
villas, viven sin vivir en sí, con un silencio cada día más
espeso, que discurre como la lava del volcán que todo lo mata. Los
letreros de las ciudades indican más muerte que vida: “se
vende, se traspasa…” La ciudad muere, se muere, porque, aunque
hubiere vida para vivirla, nada espera ya de un mundo cada día más
ególatra, en el que los pocos ricos, cada día fueren más ricos, y
los pobres, cada vez más pobres. Disminuye el ahorro ante la escasez
de dinero; no hay dinero porque no hay trabajo; y, sin ellos,
disminuye el consumo. Cierran los comercios y las pequeñas
industrias; la reforma laboral engendra más paro; el paro incuba
miseria; la miseria conduce a la desesperación y a la muerte. Las
calles están vacías, pero no porque llueva, sino porque ante no
lloviere lo que tuviere que llover.

Censa
Extremadura 152.869 parados; pero no se les oye ni se les escucha,
porque no tienen voz; y si la hubieren, los detentadores de su voz la
subvierten en eufemismos: “caída moderada”, “se
suaviza”.., mientras bajan los cotizantes a la Seguridad Social,
suben los ERES nuestros de cada día; el principal problema de la
región no merece ni una sola medida de gracia para combatirlo…
Hasta los partidos se convierten en hermanitas de la caridad para
buscar alimentos, en lugar de buscarla en la política correctora de
los desequilibrios, que fuere su misión.

A
qué hablar de escraches, de acoso, de violencia que nada resuelve,
cuando se ha perdido toda esperanza. Viven, pero buscan la muerte
antes de ser desahuciados: 3.145 suicidios en 2010 en España: unos
por impagos hipotecarios, otros por impagos de alquiler; algunos por
ocupación indebida; unos lo intentan; otros mueren por causas
desconocidas, pero relacionadas con el desahucio. Todos buscaron la
muerte cuando tenían vida abundante; pero los políticos miraron
para otro lado, como si la vida de los demás no fuere con ellos, sus
votantes.

Teresa
ansiaba la muerte para encontrarse con su Amado. En España se busca
la muerte por no encontrarse solo en la calle; solos y desvalidos;
pidiendo con la escritura sin decir nada de palabra; rastreando en la
basura la comida que da vida; con nocturnidad, y sin alevosía, para
no herir más su espíritu de la vergüenza propia que no tuvieren
algunos políticos. Y antes de dejar su país, como sus padres y
abuelos, abandonan la vida. No esperan la muerte: salen a su
encuentro, al contrario que Teresa:

“¡Ay,
qué larga es esta vida!

¡Qué
duros estos destierros,

esta
cárcel, estos hierros,

en
que el alma está metida!

Solo
esperar la salida

me
causa dolor tan fiero,

que
muero, porque no muero.”

Sin
salida, solo la muerte pone el punto final a todos los desvalimientos
posibles y los sufrimientos insorportables; la muerte prohibida por
ley divina y humana, pero ansiada y hallada por todo remedio, porque
solo ellos abonaron la vida convirtiéndola en necrópolis…, donde
también irán ellos algún día, como los lozadales en que las aguas
desatadas convierten hoy los campos que un día tanto la ansiaren…


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