LA LISTA DE LA VERGÜENZA

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“Un niño de mi
aldea intentó huir, pero lo atraparon y nos obligaron a los demás cautivos a
matarlo con un palo. Me entraron náuseas. Me negué a matarlo y me apuntaron con
una pistola para que lo hiciera. El niño me preguntaba “¿Porqué lo
haces?” Yo respondí que  no tenía
elección. Después nos obligaron a untar nuestras armas con su sangre, porque
así no temeríamos a la muerte…Todavía sueño con el niño de mi aldea al que
maté y yo lloro.” Susan, secuestrada y obligada a ser  niña soldado en Uganda.

 

A pesar de que los
Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario lo tipifican como
crimen de guerra, miles de niños son engañados, drogados, aterrorizados y
secuestrados para servir de soldados, espías, mensajeros, criados y esclavos
sexuales a fuerzas y grupos armados en todo el mundo.

 

Y  cuando 
los menores se alistan ‘voluntariamente’ es porque no tienen otra opción
en un contexto social y económico marcado por la guerra, la pobreza y el
hambre.

 

 

Se recluta a
los niños porque el coste es mínimo y
se les lava fácilmente el cerebro. No tienen
total capacidad de discernir el bien del mal.
Los
niños son soldados obedientes y baratos capaces de arriesgar sus vidas con
temeridad.

 

 

No
hay cifras contrastadas del número de menores soldados en el mundo; según datos
de Naciones Unidas, CICR, OIT y UNICEF, en 2012 al menos se reclutaban niños y niñas soldados en 21 países,
pudiendo calcularse unos 300.000 niños soldados en los 40 conflictos armados
existentes.

 

El informe del secretario general de la ONU sobre la infancia y los
conflictos armados correspondiente 2012[1], presentado hace unos
días, detalla nuevos abusos contra menores en algunas zonas de conflicto.
Cincuenta y cinco grupos armados de 14 países fueron incluidos en la
“lista de la vergüenza”, algunos por reclutamiento niños y otros por
abusos de menores.

 

Los esfuerzos para
frenar el uso de los niños como soldados deben centrarse en las causas
fundamentales del reclutamiento infantil y en la conducta de los reclutadores, tutelar
eficazmente a los niños especialmente vulnerables en peligro de reclutamiento,
y controlar, enjuiciar y sancionar a los reclutadores.

 

Las Naciones Unidas, las
comunidades locales, e innumerables ONGs están trabajando en todo el mundo para
reducir la pobreza, mejorar las oportunidades educativas y profesionales, y
crear vías de participación de los jóvenes en el desarrollo de sus comunidades.

 

Pero los conflictos
armados se siguen produciendo, provocados en la mayoría de los casos por
intereses económicos, de control de recursos estratégicos, y alimentados
igualmente por los intereses de los países productores y vendedores de armas y
municiones o de los propios grupos industriales, por lo que resulta urgente y
necesario vencer la hipocresía y flema
de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y consensuar una verdadera y
sincera política humanitaria de Paz para detener internacionalmente los
conflictos armados internos, evitar la masacre de sus poblaciones y detener la
explotación y abuso de los niños.


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