IMPUTADO, ¿ ESTIGMA O GARANTÍA ?

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Hoy día
entre los telediarios y los programas del corazón, cualquiera tiene ya entre su
argot habitual y cotidiano los términos imputados, querellas, vistas, demandas,
denuncias, y otras varias, cualquier hijo de vecino ha hecho un curso de
derecho procesal y se oyen cosas tan extrañas como “le puso una denuncia por lo
penal.” Todo se mezcla pero la seriedad del asunto y de las consecuencias en un
Estado de Derecho deben ser apreciadas en sus justos términos que no son otros
que los que el legislador y la constitución han querido dar.


Estar
imputado en un procedimiento penal es una garantía. Dentro del proceso en esa
calidad se tendrá derecho a no declarar si no se quiere, a la presunción de
inocencia, a no declararse culpable y a estar personado en el procedimiento con
abogado y procurador. Todo ello además contrasta con la situación procesal del
testigo, cuya única posibilidad es declarar y decir la verdad so pena de
incurrir en un delito de falso testimonio.


Pero esta no
es la percepción de la opinión pública y menos aún cuando se trata de políticos
o cargos públicos. Debemos hacer un poco de pedagogía, estamos en un Estado de
Derecho y estas garantías constitucionales tenemos que ponerlas en valor,
hablar con propiedad, argumentar con propiedad y achacar delitos y otras
circunstancias procesales con propiedad.


La llamada
“pena del telediario” y los empujones de la chusma al llegar a los Juzgados a
algunos imputados son más propios de países con poca cultura democrática. El
castigo al delincuente que tiene una función de prevención, no puede adelantar
dicho efecto a las primeras fases de un proceso, los derechos fundamentales son
sagrados y así deben ser tratados.


También es
verdad que el respeto al testimonio en España no tiene la fuerza que en otros
países de nuestro entorno en el derecho anglosajón, la mentira aquí y la
mentira en sede judicial debería estar más controlada, más perseguida, más
rechazada por la ciudadanía, más exigida como norma de conducta y menos
consentida. Todos recordamos el caso Clinton con Monica Lewinski, no fue su
conducta lo que se le reprocho al presidente sino el haber mentido acerca de la
misma.


Puede ser
una percepción personal, pero está más “considerado” al que miente , al que se
le concede incluso el adjetivo meritorio de “hábil” que al que en el ejercicio
legitimo de una norma suprema de nuestro estado de derecho se le da la
posibilidad de mentir como garantía del principio de presunción de inocencia,
pero así son las cosas.


Es verdad
que, en ocasiones, nos puede repugnar que personas encausadas en la muerte
violenta de otra; póngase por  caso el de
Marta del Castillo, amparadas por esta garantía puedan jugar con la policía,
con las víctimas, con la sociedad entera y utilicen su derecho a no declarar y,
o a declarar lo que quieran en demérito y burla hacia las víctimas.


En los
últimos casos de corrupción mucho se habla de las imputaciones a las personas
en las primeras fases de la instrucción, evidentemente para que puedan
defenderse con garantías a fin de que posteriormente no puedan alegar nulidad
de lo actuado. La justicia tiene una gran tarea, ser garantes de valores tan
superiores otorga una responsabilidad a los jueces muy importante, dejemos que
hagan su trabajo y acostumbrémonos a leer de vez en cuando la Constitución.


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