LA SENTENCIA “FORMAL” Y LOS CONTENIDOS REALES

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La Doctrina Parot y la
coherencia  interna de la “forma”.

 

La lucha entre la coherencia
interna de una sentencia y sus contenidos reales, nos lleva a una
interpretación de fondo, que no pretende más que sugerir lo que hay debajo de
esa sentencia, que parece coherente, y una sociedad que la considera “absurda
e injusta”.

¿No juzgamos con la misma
razón?. ¿Qué pasa en nuestra mente para que se divida entre coherencia formal y
contenido real?. ¿Qué ocurre para que la misma razón se divida al interpretar
una sentencia, que permite que un crimen tenga el mismo castigo que 24
asesinatos?. ¿Son dos verdades irreconciliables?.

Sin más pretensiones, voy a
sugerir algo que  creo puede  proyectar alguna luz de fondo, sobre el tema.
La cultura occidental, especialmente, usa la teoría Aristotélica del
hilemorfismo. Quizás, sin darse cuenta de ello,  suele distinguir entre la materia y la forma,
que según Aristóteles, de modo inseparable,  formarían la realidad de las cosas. El
problema es que “la realidad” se ha “descompuesto”, se ha dividido y hemos
optado más por la forma, que por el contenido. La “forma sustancial”  de Aristóteles, estaba íntimamente unida a la
“materia”, y eran juntas, un todo inseparables, “el hilemorfismo”.

La tendencia más general, se
ha inclinado por “la forma” y con demasiada frecuencia se ha olvidado de “la
materia”,  de lo que juntas componen las
cosas “descompuestas”.

La “sentencia” sobre la
doctrina Parot
, actúa a nivel de “la forma”, y se ha olvidado
del “contenido real”. Y ahí está la coherencia “formal”, y “la incoherencia”
con “la materia”, con “el contenido real”. Es la desviación o descomposición
del “hilemorfismo”, que hace que no coincida nuestra coherencia lógica, con la
realidad integral que se soslaya. Pero la lógica funciona en un plano
condicional, hipotético, a nivel distinto de la realidad. Necesitamos el juicio
de existencia para que la lógica tome tierra y se aplique, y hable de la
realidad existente.

Este mismo fenómeno, pero
inverso,  creo que está ocurriendo con el
Papa Francisco
. La novedad de su discurso, no es que
prescinda de los artículos de la fe, sino que los hace descansar en la realidad
de las cosas y de las personas. Por eso sorprende, porque hace que la realidad
no sea solo la “forma”, sino también la “materia”, la realidad concreta. La
realidad es siempre concreta, aunque la razón trate de universalizarla.

El absurdo que vemos en esta
sentencia, no es por falta de coherencia, a partir de sus premisas. El problema
está en que se parta de lo formal, y se olvide lo material, del contenido real.

Manejamos mejor los
conceptos, y la tentación es la de despegar de la realidad y mantener una
coherencia formal, que olvida los contenidos reales, que son menos manejables y
suelen olvidarse, una vez que la razón se sitúa en el mundo abstracto de lo
universal.

Algo habrá que corregir para
que la coherencia formal no nos lleve al fracaso de la razón. Suele ser el
pueblo el que mantiene la sensatez y la coherencia “real”, y el que hace que
rectifiquen los filósofos y los intelectuales. Creo que estamos viendo cómo se
puede desviar la razón, si no tiene en cuenta la realidad entera. Algo está
fallando en las premisas para que se saquen conclusiones tan “erróneas”. Un
Código Penal, si fuera un absoluto inalterable, no se podría alterar por otro
posterior que beneficiara o perjudicara al culpable. Esto no ocurre cuando el Código
nuevo mejora las condiciones para el delincuente. Por otra parte, hay
precedentes históricos en que, de haber seguido ésta sentencia, no se habría
hecho la justicia por todos aplaudida.

Creo que las novedades y
sorpresas que nos da el Papa
, corresponden a que está
tratando de no separar lo formal de lo material, de los contenidos que
implican la  materia junto con la forma.
Es el hombre concreto de carne y hueso, y no el abstracto, el ser real, sin
olvidar la esencia universal.

Aunque no se conozca la
lógica formal, el pueblo, casi siempre acierta, porque no suele apartarse de la
realidad de las cosas.

En esta sentencia,  habría que repensar los principios, a la luz
de consecuencias tan absurdas. No puede ser “verdad” que un solo crimen tenga
las mismas penas a cumplir, que veinticinco crímenes. Repugna al sentido común.
No basta la coherencia interna de “la forma”, separada de la materia, o el
contenido real.

 


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