LAS BUCANERAS DE GINES

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La gente de mi generación, nací en 1963, recordará que durante los años setenta muchas tardes de sábado se ocupaban con el Torneo de las Cinco Naciones de Rugby. Entonces solo había dos canales de televisión y eso nos permitió acercarnos a un deporte desconocido, con partidos memorables entre Gales, Escocia, Inglaterra, Irlanda y Francia; vimos fajarse a jugadores míticos como el inolvidable zaguero Williams del País de Gales. Supimos que se trata de un deporte duro y noble a la vez. Aquellas retransmisiones consiguieron que amáramos el rugby.


Confieso que el día que mi hija me informó de su intención de jugar al rugby en el equipo de Las Bucaneras de Gines se alteró mi instinto paternal de protección, pero supuse que sería una “fiebre pasajera”.  El sábado, 27 de octubre, se celebró en Gines un torneo de rugby femenino, Las Bucaneras iban a jugar su primer partido. Sabía que a mi hija le hacía mucha ilusión que yo asistiera y, junto con mi hijo, nos plantamos en el campo. Mi instinto paternal de protección salto por los aires: mi niña se puso delante de mí, sangrando por la nariz como un cochino al golpearse con una compañera mientras entrenaban antes del partido. Todo se calmó al cesar la hemorragia y pudo continuar con el calentamiento. En la hierba, con los balones ovalados y las chicas dispuestas a jugar su primer partido, volvieron los recuerdos de los setenta, la UHF, los partidos del Cinco Naciones, el zaguero Williams… Notaba los nervios de las niñas, los mismos que yo tenía muchos años atrás, con menos edad que ellas, cuando iba a jugar algún partido de voleibol: las ganas de jugar, las ilusiones, el deporte amateur en estado puro.


Durante el primer partido de Las Bucaneras vi a mi hija, como al resto de sus compañeras, luchar por el balón, golpearse contra las contrarias, correr… protector en boca, por supuesto. Parecía que habían ganado pero algunas decisiones arbitrales equivocadas lo impidieron. La situación era difícil: mi hija con el problema de nariz, otras compañeras con problemas musculares serios y todas enfadadas con el árbitro mientras el entrenador intentaba calmarlas. Lamentablemente después no me fue posible asistir a los otros partidos y un par de horas después recibí la  noticia de que Las Bucaneras habían conseguido el trofeo de plata. Doy por hecho que mi hija y sus compañeras recordarán el resto de sus días que jugaron al rugby, jamás se les olvidará que pertenecieron a un equipo que ganó el trofeo de plata en su primer torneo. ¡Larga vida al deporte amateur y a Las Bucaneras de Gines!. 


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