El Papa en el día de la Inmaculada

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Ayer por la tarde hacía el papa Francisco la tradicional peregrinación a la Plaza de España para rendir homenaje a la Inmaculada. Durante el trayecto le acompañaron los saludos y el entusiasmo de miles de romanos, y en la plaza tuvo la oportunidad de saludar a enfermos que lo esperaban.

Tras la ofrenda floral el Papa dirigió una oración a la Inmaculada, ¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!, en la que recordaba: “Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor: el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes, el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos, la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan, toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros”.



A mediodía en el rezo del ángelus ya había hablado de la belleza de María y su sentido para todo cristiano: “Contemplando a nuestra Madre Inmaculada, hermosa, reconocemos también nuestro destino más cierto, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor, ser transformados por la belleza de Dios”. También aprovechó la oportunidad para pedir a todos unirse espiritualmente a la Iglesia que vive en América del Norte, que hoy recuerda la fundación de su primera parroquia, hace 350 años: Notre-Dame de Québec. “Demos gracias por el camino recorrido hasta ahora, especialmente por los santos y los mártires que han fecundado aquellas tierras”.


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