FALAZ AUTORRETRATO DE UN JOVEN CAPITALISTA ESPAÑOL, por Miguel Fresneda

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Un reducido y atónito público asistió el pasado sábado 18, en el Gran Teatro cacereño, al largo mitin pseudoprogre del monologuista y proteico actor de la pequeña y gran pantalla Alberto San Juan.

Nos pareció falaz e incluso
contradictorio no solo el título, porque más que un leve autorretrato, escaso
de anécdotas suyas de este supuesto joven, ya bastante entrado en años y
seriamente anticapitalista: o sea lo contrario que rezaba el título, de esta
ácida “CONVERSACIÓN” –la llamó él-, plenamente monologada y sarcástica, con
algún toque de humor o salidas de tono sobre su desastrado aspecto o la falta
de enfoque del cañón de luz, que le dejaba reiteradamente en penumbra.

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            Mostró de principio a fin una clara
ideología asamblearia y populista, que concuerda con los postulados ácratas y
autogestionarios de la izquierda más antisistema posible. Realmente fue una
ácida parodia de la historia política de España desde el franquismo, pelele de
los norteamericanos, hasta una continuista monarquía aparentemente democrática,
donde todos nos roban, desde las grandes empresas hasta los bancos y por
supuesto también la voraz Hacienda: no dejó títere con cabeza, ridiculizando
desde los imperialistas yanquis hasta la propia Conferencia Episcopal aliada
con el ministro Wert.


            Es justo reconocer que ,dentro de
este muy sobrio espectáculo, apenas teatral, solo ambientada la escena con una
mesa atestada de libros, que de vez en cuando citaba, y unos flexos, más una
silla en la que tan pronto se sentaba como se levantaba, solo se adornó con dos
canciones desigualmente repartidas; pero todo este mitinero discurso de más de
horas estuvo bien comunicado, con buena voz y un derroche de gestos nerviosos,
alternando un tono profesoral con otro más distendido e incluso caricaturesco.


            Ni una media entrada de público, que
rió a veces las satíricas bromas del monologuista conquense-pucelano, le premió
al final con un prolongado aplauso, quizá porque ya por fin había acabado su
interminable mitin disfrazado de autobiografía anticapitalista.

                    


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