TAXI DRIVER

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Las noches de esta ciudad virtual se amueblan con los
gatos que escaparon de Damasco, con el vómito cenital de los borrachos que aún
se abrazan a hipotéticas farolas, luciérnagas de llamas caprichosas que se
encienden dependiendo de si estamos o no  al corriente del recibo tibetano de la
luz. 

Sobre todo en los barrios de gambetas, donde l@s put@s ocupan su lugar
en el distrito universal del falso amor, famélica legión de bajabragas dudando
si la táctica empleada hará rentable su estrategia.
                                     

  La vida
que empieza con un drama a veces sólo aplaza su comedia.

Mientras, un operario de limpieza, así eufemísticamente
los apoda la alcaldesa digital por su elección, asume el botellón de cada noche
con la paciencia de un superjob, inmune a tanta inmunda excrecencia, y yo me
apiado de él y miro a un cielo atormentado por tantas estrellas que le hurtan,
rezumando por su añil blancos fluidos, como ninfas en las pelis de Von Trier y
no puedo evitar, como ese artista antes llamado De Niro, invocar la presencia
de una lluvia torrencial que limpie todo, una especie de ciclogénesis
aséptica.                

Mientras tanto,
llamo un taxi redentor donde exilarme y 
tratar de alejarme de esta mierda.


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