Científicos de la UEx desarrollan un método más barato y eficiente para detectar la leishmaniosis

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El grupo de investigación LeishmanCeres de la Universidad de Extremadura, que lleva 25 años dedicándose al estudio de detección y análisis de la leishmaniosis ha desarrollado un método más barato y eficiente para detectar esta enfermedad parasitaria que afecta a 12 millones de personas al año, la mayoría en países empobrecidos, de las cuales 70.000 fallecen.

[Img #34076]El
nuevo método para detectar esta dolencia en animales está basado en una sola
muestra de pelo y un único análisis, lo que ahorra costes, tiempo y personal
sanitario.

 

Los
principales afectados por esta patología son los perros, en los que también
puede resultar letal. Sin embargo, también se ha detectado en animales salvajes
que pueden actuar como portadores.

 

Los
científicos de la UEx han realizado un estudio, que publica la revista Acta
Tropica, en el que describen una nueva técnica que detecta la dolencia en el
pelo de mamíferos silvestres, a través de una sola muestra de pelaje y un único
análisis denominado qPCR.

 

“Este
nuevo método supone un notable ahorro de dinero, tiempo y personal sobre los
actuales métodos combinados de diagnóstico”, declara Rubén Muñoz Madrid, autor
principal del estudio.

 

Las
técnicas de diagnóstico habituales para la detección de leishmaniosis en
animales salvajes, combinan siempre varios métodos muy costosos para conseguir
una mayor sensibilidad y fiabilidad de resultados.

 

“Por
un lado técnicas parasitológicas como la observación microscópica del parásito
o la amplificación de su ADN que utilizan muestras de tejidos –sangre muy poco
sensible, hígado, bazo o médula ósea– y por otro, métodos inmunológicos para la
detección de anticuerpos específicos en sangre mediante inmunofluorescencia
indirecta (IFI) o inmunoenzimática ELISA”, atestigua el investigador.

 

EL ZORRO, PRINCIPAL
PORTADOR

 

Los
estudios epidemiológicos realizados en Europa sobre leishmaniosis (Francia,
Portugal y España) confirman al zorro (Vulpes vulpes) como unos de los
reservorios silvestres más importantes de la enfermedad. Los porcentajes de
prevalencia son muy variables –pero elevados– oscilando entre el 5% y el 75%,
según autores.

 

Por
su parte, el lobo (Canis lupus) se comporta como un reservorio silvestre mucho
menos importante por su escasa prevalencia (0-5%).

 

“Zorros
y distintas especies de roedores según hábitats sí son los responsables del
mantenimiento de la leishmaniosis silvestre”, añade el experto.

 

Todavía
resulta prematuro para los científicos saber el alcance de este nuevo método
basado en el pelaje, ya que solo han podido comprobar la presencia de ADN
parasitario en el pelo de perros, de animales silvestres y ratón de laboratorio
infectados con la especie Leishmania major, causante de la leishmaniosis
cutánea humana en Europa, Asia, África.

 

“Creemos
que estos resultados son suficientes para demostrar que el pelo de diferentes
especies de mamíferos se comporta como un tejido especializado en el secuestro
y eliminación del ADN de estos parásitos (L. infantum y L. major)”, concluye.

 

Por
tales motivos estas investigaciones descubren también un nuevo mecanismo
fisiológico –hasta ahora desconocido para el pelo– de depuración y eliminación
de sustancias tóxicas tal y como son el ADN de estos y probablemente de otros
muchos patógenos.

 

MENOS DOLOROSO

 

Hasta
el momento, en los mamíferos salvajes en libertad o en los de zoológicos, la
leishmaniosis es diagnosticada a partir muestras biológicas. Su obtención
supone un grave estrés para los animales, además de unas condiciones especiales
de almacenamiento y transporte.

 

Para
tomar muestras de sangre, piel o médula ósea en animales vivos hay que
capturarlos y someterlos a sedación o anestesia. En el caso de cadáveres, el
análisis se complica ya que la lisis y putrefacción del organismo impide la
detección de la infección parasitaria.

 

“El
nuevo método permite obtener, almacenar y transportar las muestras de pelo de
forma más sencilla y no es nada cruento para los animales. Su estabilidad
permite un almacenamiento y transporte a temperatura ambiente”, asegura el
científico.


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