DE CIRIGALLOS Y CIRIGAÑAS

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 Anda,
quien más babea, haciendo de cirigallo en vida sin calor para conspirar sin
fuerza para la contienda sin pronombre para la frase sin agallas para el farol,
valiéndose en el todo de su equívoco,
 
dejándose caer de confuso en el jergón de la crítica perezosa cuando al
mejor despertar apuesta por un descanso, si al levantar ocurriósele algún
desdén que a otros ofendiera y a la culpa sin predicción lanzara el dardo
vagaroso de su incompostura. A lo más, atreve su furia a cirigaña cuando se
nota desatendido en la red de su circo y se sabe más vulnerable. Prototipo de
indeseable, al tributar los elogios con lisonjas, encomios, cobas y garatusas a
fin de lograr, no que quien las recibe se engrandezca sino que quien las usa se
libere.

 

            Gregarios
propulsores de la banda cínica que circundan los pentagramas menos musicales de
la escena libre que nace, crece y se reproduce en teatros de ahora, sin miedo a
la extinción de la especie. Abajo siempre serán cirigallos del pueblo que jamás
acabaron de poner la primera piedra, desertores del esfuerzo y la lucha
solidaria, arriba siempre serán cirigañas con su tufo, que se calan desde la
lejanía, apestan y se pierden en su mismo bigardo. Y pongánseles los nombres
que de continuo medrar están cobijados en las memorias nuestras a punto de
salir pero escondidos, con unas enormes ganas de desahuciarlos del
entendimiento nuestro, ya de por sí asqueado y desposeído de tipejos de tal
calibre.

 

            A
más que a recordar los sensibles colores de las palabras, que quedan
descuidadas en los libros, refiérase aquí la significación que de ellas
aprendemos.


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