VOLVER A EMPEZAR

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Este viejo mundo
huele a incertidumbre y pesimismo, a desequilibrio y malestar . No atinan,
quienes saben, a conseguir su enderezo. La muestra de desacuerdo se ha
convertido en una constante vital, las clases más afectadas por los mandatos
agresivos se sublevan por cada gestión y anuncian los observadores que cada día
existe más distancia entre gobernantes y gobernados, suponiendo el consiguiente
enfriamiento en las relaciones y una enojante desidia por lo público del
personal de abajo.

 

            Subir
los peldaños se ha puesto imposible para una inmensa mayoría y facilísimo para
la inmensa minoría de quienes ostentan el poder por infusión votiva. Hay un
rumor de voces en las calles de estos páramos completos de insatisfacciones que
entona un doloroso canto de rabia y se ha retomado la huída de la fusta que
pisa cada talón en cada instante.

 

            Un
volver a empezar, rompiendo las reglas actuales, estableciendo fórmulas de
democracia donde las filas sean horizontales y nunca verticales, donde las
decisiones erróneas de los mandantes consigan el reproche jurídico y social
adecuados, donde se elijan capacidades y donde los elegidos formen cuerpo
general con los electores. Y quizá mil actitudes más, tendentes a la
consecución de los máximos grados de felicidad para todos. ¿Es posible?.
Aquellos dirán que dejemos el mundo de esta manera, estos diremos que menos
así, como sea. Alguien apuesta por la revolución de los sentidos y volver a
empezar sin miedos ni obstrucciones a las libertades ya consagradas, o, en todo
caso, incluso eso, desde el comienzo, con las ideas de civilizados en la meta y
desatados de todo canon impositivo y agarrados a un futuro nuevo como única
solución.


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