COMUNICACIÓN

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Desde que nacemos, los hombres tenemos necesidad de comunicarnos.  Este proceso conlleva una acción, la emisión de señales, gestos, sonidos…  con los que intentamos dar a conocer un mensaje.

Así fue cómo nuestros antepasados prehistóricos nos dejaron una riqueza cultural y artística importante. A través de sus pinturas rupestres en cuevas supimos de su forma de vida, descubrimos que el bisonte era un animal que cazaban para alimentarse con su carne, vestirse con sus pieles y fabricar con lo que sobraba utensilios de cocina y otros complementos de moda rupestre que algún día terminarían vendiendo por internet. Importante no confundir bisonte con visón, la piel de éste último es la que caracteriza a ciertas señoras de alto standing hortering, y no es enviding.

 Pero la sociedad evoluciona, aunque hay quienes todavía se empeñan en ir dejando por donde pasan, señales a lo cromagnon, como los grafitis  y otras formas de expresión “artística”, en las vallas del instituto del barrio, en fachadas de locales comerciales, en los puentes de las autopistas y en los lugares más insospechados que hacen que nos preguntemos ¿¡cómo habrán subido ahí!?

Luego están los troncos de algunos árboles, aunque esa costumbre ahora se está perdiendo, por suerte, gracias a que existen las redes sociales como  Facebook o Twitter, entre otras. El concepto de muro o tronco ha cambiado.

Pero estas herramientas en manos de adolescentes que padecen enagenación mental transitoria, más conocida como enamoramiento prematuro, tienen más peligro, a veces,  que Lady Gaga con una motosierra en una piscina de bolas. 

Antes de que existieran las redes sociales, las mayores informadoras eran las porteras de los edificios, comparables  a los servidores informáticos  y que aún hoy siguen haciendo su función. Son como un punto de intersección que forma parte de una red (el edificio) dando soporte  (información) a otros puntos de intersección (los vecinos) siempre dentro de una misma red o edificio. De este modo todos los  vecinos están informados sobre el resto de sus vecinos sin necesidad de ser indiscretos con sus preguntas. Incluso están informados de la vida social y política sin  necesidad de leer la prensa.    


Sobre los tipos de comunicación no verbal, solamente voy a centrarme en uno que me llama la atención, se utiliza principalmente cuando vamos conduciendo y alguien hace una maniobra peligrosa que nos puede perjudicar. Aquí hay un gesto que es universal y todos entendemos sin saber idiomas ni el  lenguaje de signos para sordos. Consiste en mostrar con entusiasmo el dedo más  largo al conductor del otro coche. Da igual que sea chino, chileno o chipriota, te ha entendido perfectamente. La DGT advierte que esa práctica no es recomendable en casos de estrés, ansiedad o estreñimiento porque puede provocar caries. 

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Al que pintó la marca roja le faltaba una primavera.
Al de la  flecha azul dos otoños y un invierno.
Al que lo permitió, 19 días y 500 noches.


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