COMENZANDO UNA NUEVA ERA

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Uno de los
principios básicos de la ecología es la adaptación al medio. Cuando este
cambia,  hace que  aquellos elementos que no han sabido
evolucionar desaparezcan. La sociedad es lo mismo. Quizás no seamos conscientes
de ello, pero en la actualidad, somos protagonistas de uno de los cambios
sociales más importantes  de nuestra
historia humana, un paso de gigante como ya se han producido otros, que han
provocado revoluciones, guerras, e incluso desapariciones de culturas
enteras.   Estamos saliendo de unas
infraestructuras, todavía residuo  de la
Revolución Industrial, hacia otras totalmente distintas, en las que la
Informática es  la protagonista.  Los nacimientos nunca se hacen sin dolor, y
este tampoco, pese a mucha epidural que quieran aplicar los Gobiernos a la
sociedad. Las adaptaciones no siempre son bien asumidas,  son molestas y exigen romper esquemas, que
quizás ya no sirvan, pero a los que se habían acostumbrado muchas personas. Se
trata de una gran revolución, que algunos están empeñados en frenar, porque no
les gusta,  rompe todas sus rutinas y
relega al individuo como tal , y los beneficios laborales  que ha ido conquistando, a un segundo plano,
ninguneado,  frente al protagonismo
impersonal que adquiere la informática, en la que un solo error, conlleva
grandes problemas. Hoy las batallas ya no se realizan  con armas, sino atacando  programas informáticos. Incluso las guerras
convencionales. Con frecuencia he traído a colación la filosofía que se oculta
bajo ciertos pasajes Bíblicos. La lucha de David y Goliat, se ha repetido con
posterioridad en múltiples ocasiones, desde la guerra de Independencia
española, hasta Vietnam, o los conflictos en Afganistán. Según el relato
bíblico, Goliat lucha contra David con los mayores adelantos técnicos del momento,
armadura y espada de hierro, si David hubiera peleado con las mismas armas (que
tampoco tenía, porque las que poseía eran de bronce) seguramente, con la
potencia de Goliat, hubiera sido vencido inmediatamente, pero optó por salirse
de lo convencional y Goliat no pudo con él. 
Vietnam o Afganistán, si hubieran intentado imitar a EEUU, este les
hubiera machacado en pocos días, pero al no poder controlar  a la guerrilla armada, con armas poco
sofisticadas, difícilmente controlables por los medios  de detección electrónica o radar,  no pudieron vencerle. Cuando a finales del
s.XIX y principios del XX  se pasó, del
período manufacturero  al industrial,
este cambio originó múltiples revoluciones de adaptación a un nuevo paisaje
social y laboral. Finalmente  la vida del
ciudadano  cambió, con la consecución de
evidentes mejoras, creándose grandes urbes y beneficios laborales,  que ahora se están poniendo en entredicho,
entre ellas la seguridad en el trabajo. Cuando yo era pequeño, cuando  se entraba a trabajar en una empresa, lo
habitual es que esa persona desarrollara toda su vida activa en la misma. Ahora
esta circunstancia, no es la habitual, y estos cambios desorientan a la
sociedad,  porque los escenarios  han evolucionado, rápidamente, sin darle
tiempo a adaptarse. La llamada crisis, no es 
sino una forma de denominar a toda una serie de elementos todavía no
perfectamente  delimitados,  que forman parte de este cambio. Y las
manifestaciones en las calles, no son sino la parte visible de esta revolución,
que está produciendo víctimas; desahucios, precariedad laboral, sueldos bajos,
paro… Recuerdo, por los años 70,  cómo
las oficinas de la Administración de; 
bancos, aseguradoras o de las del 
propio Estado eran unas enormes salas llenas de mesas,  en las que tecleaban las máquinas de escribir
o calcular decenas de empleados  , aún
así,  también había “ oficinistas” y
contables,  reacios a admitir que el
futuro estaba en las calculadoras y las máquinas de escribir, y alardeaban de
una caligrafía impecable y una rapidez en el cálculo, impresionante, pero
finalmente tuvieron que adaptarse. Todo aquel trabajo, que realizaban  posiblemente un centenar de personas, hoy lo
hace una sola,  o como máximo dos, en un
ordenador. Y este ejemplo puede extenderse. Sobran empleados. Los Eres son algo
habitual; las noticias de que una marca de refrescos, un banco, una empresa de
comunicaciones, o cualquier otra, 
despide a mil y pico empleados, 
son lo habitual en estos días. ¿Perdían dinero las empresas? No,  pero las máquinas programadas  realizan el trabajo que antes hacían muchos
de ellos.  El Gobierno puede
alardear,  como un logro,  de que se “ha reactivado la economía” y
posiblemente hasta tengan razón, las cifras de negocio pueden haber
subido,  pero el mismo discurso triunfalista
de que las exportaciones se han incrementado, oculta también la razón de las
mismas, los puestos perdidos de trabajo y la precariedad laboral, hacen que el
consumo interior sea inferior, por lo que si siguen produciendo lo mismo,
tendrán que buscar  mercados exteriores
que absorban esa producción. ¿Dónde está entonces la solución, al menos
momentánea, mientras se readapta la sociedad a un nuevo escenario? En no
combatir con las mismas armas de la globalización,  fomentar la pequeña empresa, el autónomo, al
que el Estado debe darle  apoyo,
bajándole impuestos,  y ofreciéndole
créditos y ventajas  laborales, porque
son los únicos que pueden vencer en este momento la batalla del paro y
absorber  la mano  de obra. Todos los ayuntamientos,  luchan, porque las grandes  superficies se instalen en sus municipios,
pero si bien crean puestos de trabajo y atraen población de los pueblos del
entorno, también crean un enemigo potente al comercio local y despueblan, incluso,
las antiguas zonas comerciales del comercio tradicional, sustituido, en el
mejor de los casos por franquicias. Sin duda, políticamente, es más
atractivo,  de cara a los votos, la
imagen de una gran superficie y disponer del apoyo de una población más poblada
que la de un pueblo, con escaso censo, pero el futuro está en la alternativa
del trato personalizado, frente al impersonal del individuo convertido en un
número en un ordenador, porque frente a unas empresas que reducirán su personal
a unos límites mínimos, siempre queda el emprendedor que  creará riqueza, siempre que la administración
no lo fría a impuestos y trabas burocráticas y acabe pensando que lo mejor es
hacer unas oposiciones y entrar de funcionario, pero ya, ni para ellos esto
representa la seguridad de su puesto de trabajo, ni que  el montante de su remuneración  vaya a ser respetada . Tiempos difíciles sin
duda, en los que es fácil ser víctima de 
populismos. Las promesas que algunos partidos realizan me recuerdan a la
de los bancos, y cajas, que inmersos en sus propios problemas  interiores ofrecieron unos activos en
acciones y preferentes, con unos intereses atractivos, que se convirtieron con
el tiempo en una estafa. El problema es que el daño ya estaba hecho, difícil o
imposible de remediar y ¿quién iba a dudar de director de la sucursal del banco
de tu ciudad, con el que solías tomarte las cañas o jugar al tenis?


 


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