OBAMA LEE AL PROFESOR FELICIANO CORREA

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[Img #34545]En
su reciente viaje a Estados Unidos, el Presidente Rajoy, en el protocolo de
presentes, obsequió a Obama con una obra del profesor y académico de
Extremadura, Feliciano Correa Gamero. “Vasco Núñez de Balboa del mar del Sur”.   Obama
la acogió con cortesía y manifestó su inmediato interés por su lectura. Por
eso, hoy quiero asomarme a esta ventana mágica y, desde esta miranda, contemplo
nuestros inmensos predios donde la encina y los alcornoques brotan en la
mirada, los prados gozan de la belleza salvaje de un jardín y los pececillos dibujan
de plata los riachuelos y, entonces, Extremadura se convierte, con estas
lluvias, en un paisaje fascinante en su pluralidad y, en la lontananza, se alzarán
las torres de Jerez de los Caballeros, donde no pasa el tiempo – en realidad,
somos nosotros los que pasamos – y hallaré el numen de las metáforas, el hombre
– Feliciano Correa – que las canta con el arpa de un alma y corteja a Jerez con
las notas de un Dante.


Muy
otra sería Jerez sin ese caballero, duende de noche en complicidad con la luna,
si no tuviera abierto el corazón a la belleza y la Historia y al calor de unos
brazos líricos que la aprietan. Bien los sabes, Feliciano, que Balboa te nombró
heredero universal de esta tierra y esos mares; y ahora que hemos despedido las
efemérides del supremo Núñez de Balboa, que nos has enseñado tanto de él, has
vertido tantas palabras de tu paisano, aquí y allá con la cortesía de los
descendientes de Colón, tú que le has dedicado a Jerez de los Caballeros hasta
siete tomos, que se dice pronto, pero cuanto empeño y horas has puesto y
dispuesto en ellos, para que se enciendan las campanas o tañen a redondas y
cursivas tu obra…De la abundancia del corazón habla la boca…


Y
aquí, en Jerez, su Jerez, nace ese hombre renacentista, que has dejado la pluma
en tantas linotipias para instruirnos y presentarnos la alegría y magia de
estas torres; y esa bella plaza de toros donde dejaste una inmensa faena de
redondas y cursivas y yo, humildemente, abriría el portón de papel con un
prólogo. Sí, has llevado y llevas ese aire en el esportón de tus estros y en
las flores que le hurtas en primavera a tu Jerez.


Como
tantos, la travesía del desierto, extremeño de la diáspora, Madrid, Huelva,
Teruel… – cuanto hemos hablado del obispo Polanco, víctima de esta pasional y
rota patria nuestra -; y tus artículos en “Abc”, “Hoy”, “Odiel”…; las revistas
que fundaste: “Proa”, “Norma”, “Buho” y la gran “Vitela”…, que nos dejó
huérfanos; conferencias y libros y, también, tus “Libretillas Jerezanas”, tan
gozosas y compartidas. Qué pasión, que flechazo entre tú y Jerez de los
Caballeros.


            Como hablo de épocas, un día -¡ya ha
llovido! – te intuía en ese alma de la ciudad y quizás te buscaría… Yo iba de
paso, a la toma de posesión, paréntesis en mi adolescencia. Estuve con el
regidor y le dije: “Ni el mismo Pestalozzi que resucitara, le enseñaría a leer
y a escribir a estos chicos”. “¡Qué me dice usted!”. ”Que la escuela está llena
de asnos!”. No le daba crédito a mis palabras. Qué tiempos. Cuando un viejo
tren mixto, de la época de Primo de Rivera, dibujaba en el aire el aliento
negro de la locomotora y un sacerdote, a mi lado, llevaba un cubre polvo. El
otro vagón iba lleno de vacas, hasta que en Zafra  cambiaría de tren – el “Vía de la Plata”- y
encontraría una postal de diligencias.


            Sí, cada uno en nuestro camino,
Feliciano, hemos escrito muchas páginas de nuestras respectivas vidas,
plutarquianas hasta cierto punto, ya en esta segunda navegación que diría
Platón. Núñez de Balboa, estoy seguro, te habría llevado de cronista y tú
habrías levantado acta de sus hazañas,  en
esa larga y durísima travesía, para que los habitantes de esta tierra parda
supieran que, en ella, nacían los dioses.


   


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