PADRES Y PADRES

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Cada año, al llegar este día 19 de
Marzo, la figura paternal de mi padre viene a mi recuerdo con más intensidad.
Sólo pude disfrutarlo 20 años, pero fueron intensos y llenos de plenitud.
Siempre tuvo ese gesto afable a la vez que delicado. Era  ese 
buen padre que piensa para querer. Ese buen padre que decía que sí
cuando era sí, y no cuando era no. Mi padre supo templar  mi carácter de  niña soñadora y aventurera  llevándome por el camino del deber y del
trabajo, pero sin abandonar el disfrute de las buenas cosas que la vida nos
ofrece. Nunca propició un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena
dosis de constancia y naturalidad. Me enseñó a respetar las pequeñas cosas -ese
jarrón de porcelana que podría romper y hacerme daño con él, me enseño a
respetar mi  entorno y a las personas, no
por su condición si no simplemente, por ser personas.
Propició un
ambiente que permitiera el desarrollo del 
potencial de sus dos hijas en un marco de libertad responsable, y no de
dominación.

 

Mis padres fueron un ejemplo de
familia, esa familia ideal que las películas nos proyectan y el divorcio nunca
asomó por aquellos tiempos en nuestras vidas. Hoy día sin embargo el divorcio
es una realidad indiscutible de nuestro tiempo que plantea un problema añadido,
el de cómo seguir manteniendo la relación con los hijos. Considero que los
matrimonios con hijos tienen una doble relación: la de los esposos entre sí, y
la de éstos con sus hijos. La primera es la relación conyugal; la segunda, la
parental.

 

No todas las parejas que se divorcian
llegan a esta reflexión,  y cargan sobre
los hijos esa frustración del final como pareja. Llegando algunos padres a
renunciar a esos hijos y situarlos en un segundo plano cuando forman una nueva
familia. Y algunas madres a proyectar en sus hijos la frustración de su ruptura
sentimental.

 

Si hoy hablo de la figura del padre es
porque hoy soy lo que soy por los valores que mi padre me inculcó, porque su
figura sigue estando presente en cada uno de mis días, porque soy una defensora
de la custodia compartida en los casos de divorcios, porque considero que los
padres
que
han logrado vencer las tradiciones atávicas de ser meros proveedores, comparten
el gozo en la crianza de los hijos y hablan y ponen en práctica “una nueva
dimensión en la convivencia familiar”.

 

En el fondo, todos somos padres
adoptivos; porque el hecho de ser padres es algo más que la procreación. Tener
hijos no nos convierte en padres, igual que tener un piano no nos conviene en
pianistas. La paternidad es un acto consciente de amor.

 

“Juntos,
tomados de la mano, padre y madre guiamos a los hijos en el camino de la vida”.

 


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