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IDEALIZANDO MITOS

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Hay corrientes ideológicas, sobre todo de izquierdas. Que gozan, o bien de la simpatía social, o al menos de la indiferencia general, cuyas proclamas o símbolos, no se admitirían si no tuvieran esta consideración de “izquierdas”. Afirmaciones como; “eres demócrata, o monárquico”, no se toman con la acritud que se tomarían si la frase fuera, “eres monárquico o demócrata”, mas bien, se sonríe uno, pensando; “Se han pasado un pelín” , sin más elucubración mental.

 En la Manifestación de la “Dignidad”,  se vieron además de gran cantidad  de banderas, llamadas republicanas,
otras  rojas con la hoz y el martillo, de
la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ) con la
aquiescencia general. Ni unas ni otras tienen representación oficial,  son las llamadas banderas de fantasía, como
lo es la estelada  independentista  catalana. Pero si en lugar de estas, hubiera
aparecido la de España, con el escudo del águila de S. Juan ( uno ya duda si se
puso por lo de la visión profética del apóstol, o porque escribió el Apocalipsis,
que podría venir) aunque muchos la identificaran con el sentido Imperial y la retromemoria
del pasado glorioso de España. Pero si, en lugar de la del terrible Régimen
soviético, hubiera aparecido la de la Cruz Gamada,  hubieran corrido ríos de tinta, la sexta,
hubiera hecho tropecientos programas especiales , y los laboratorios
farmacéuticos  que venden
antihipertensivos y tranquilizantes, hubieran hecho  record de ventas, por la subida de tensión de
periodistas  y tertulianos, progres,
foreros, güeveros y demás fauna, que integra el ecosistema  de lo digital.

 

Sin
embargo, pese a tener tan buena prensa, el Régimen Soviético mató  de modo directo, o por hambre, “ el hambre
será la partera de la Revolución”, a más personas,  y las sometió a degradaciones tan humillantes
o más, que los regímenes nazis. Y esto hasta fechas relativamente recientes. No
hace falta leerse el,  Archipiélago
Gulag, o saber de psiquiatría, para ser conscientes de estas barbaridades. Los que
no aceptaban el Paraíso Comunista, eran unos inadaptados, y por lo tanto, debían
de ser exterminados, enviados a Siberia, o tratados como locos, hasta que
cambiaran.

 

La
idealización de los dirigentes Republicanos españoles, se cayó por tierra, con
la llamada  Memoria Histórica,  de Zapatero, cuya idea inicial, que consistía
en  llenar el hueco anímico de los
familiares desaparecidos durante la guerra y postguerra,  cuyos restos se querían localizar, se
pervirtió y dio pie,  por el
contrario,  a reabrir páginas de nuestra
reciente historia, que la Transición había hecho por borrar. Algunas no muy
agradables y que se guardaban en  los
recovecos del sufrimiento.  Volvieron a
salir, una vez más, el tú más.  Y  entre estas historias una siempre
silenciada,  la  del expolio que realizaron los dirigentes
republicanos, cuando se vieron abocados al exilio mejicano y carecían de bienes
para sobrevivir en el mismo.  Altos
funcionarios requisaron piezas del Tesoro español como;
“El expolio
del Museo Arqueológico Nacional de Madrid
, siguiendo órdenes del
subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Wenceslao Roces. Como explican
Francisco Gracia y Gloria Munilla en «El tesoro del “Vita”» el acta de la
requisa contaba con el tesoro de los Quimbayas, más una máscara, un águila y
tres piezas de ceremonia de origen peruano de oro, 58 monedas de oro griegas,
830 monedas de oro romanas, 297 monedas bizantinas, 343 monedas árabes, 242
monedas árabes depositadas en cartones, 322 monedas visigóticas, la colección
completa del museo; 94 monedas españolas de épocas medieval y moderna, 11
monedas francesas y portuguesas, 432 monedas de diversa procedencia, 67
medallas. En total, más de diecisiete
kilos de oro
.”… “para que
dirigentes como Negrín o Indalecio Prieto
acabaran fundiéndolas y vendiéndolas con el
fin de sufragar los gastos de la élite republicana en el exilio. La magnitud
del expolio realizado por el Gobierno
de la II República
es difícil de imaginar y sus causas no son ni
remótamente ideológicas.”

 

Se podrían
añadir las piezas del Tesoro Artístico de la Catedral de Toledo, algunas fueron
a parar a Ginebra para su protección, otras, fundidas.

 

Alguno de
los conservadores del Gabinete Numismático en 1936: Felipe Mateu y Llopis. Cita otras tremendas pérdidas como : “ un
estártero de electrón de Cizico, un «darico» de oro y el triple shekel de
electrón de Cartago. De las monedas egipcias, octodramas de oro de Arsinoe,
Ptolomeo III, Berenice, Ptolomeo IV y Ptolomeo V. También se perdió casi en su
totalidad la colección de moneda hispano-árabe. Del millar de monedas de oro
romanas, desapareció el noventa por ciento; entre ellas, quinarios de la época
de Augusto y el único áureo del periodo de las guerras civiles, así como los de
Julia Titi, Septimio Severo, Caracalla y Geta. Pese a la importancia de la
series griega y romanas, «las más importantes serían las monedas visigodas y la
casi totalidad de las monedas de oro hispano-árabes colecciones imposibles de
reemplazar»,

 

Podría
seguir citando muchas cosas más, que aparecen en el libro de Gracia y Munilla. Pero
pese a la pérdida de nuestro Patrimonio, lo que más me repugna de esta
“requisa”, no son las monedas de oro griegas, romanas o árabes cuya desaparición  nos ha creado grandes lagunas de  nuestra Historia común. Lo peor, es que como
los que acapararon en Andalucía,  para
beneficio propio, las subvenciones que iban para los desprotegidos de los que
supuestamente, en su planteamiento de intenciones, de sindicatos, ellos debían
de ayudar, también estos “defensores del pueblo y el obrero”, asaltaron con
soplete el Banco de España y las
cajas del Monte de Piedad  para esquilmar
las alianzas empeñadas por gente modesta.

 

Sin embargo,
todavía hay muchos que siguen recordando  a aquellos personajes, rodeándolos de un aura,
que los convierte en Mártires y Santos laicos. Yo antes de glorificar a la
“Santa República”, como pretenden algunos, me leería algún que otro libro de
Historia, y dejaría pasar el tiempo y atender a nuestro propio momento, porque
no siempre, cualquier tiempo pasado fue mejor y si lo dudan, pregúntenles a sus
abuelos.

 



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