GENOCIDIO

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      Fue un miércoles cuando murió el celebrado biólogo alemán Paul Chistoph Hennings.  Pero ese mismo día abría los ojos Saturnino Calvo Hernández, al que dieron en apodar, siendo muchacho y mozo, como “Farraguas”, aunque, a raíz de lucir la escarapela roja y gualda en su sombrero y haberse casado con Eustasia Montero Floriano, pasó a ser conocido como Ti Saturnino “El Guarda”.  Lo movilizaron tardíamente para una Guerra que dejó sembrado cainita odio en todas las tierras de España.  No oiría silbar las balas cerca de sus orejas hasta la batalla de Brunete, pero, antes, formó parte de un regimiento de retaguardia que, en abril de 1937, tuvo que abrirse camino entre los escombros y las ruinas de Durango y Guernica.

 

     Ti Saturnino, el hijo de Ti Eulogio Calvo Clemente y de Ti María Hernández Caletrío, había conocido al capitán Kar von Knauer, perteneciente a la alemana Legión Cóndor, en Burgos.  Se emborrachaba y nada más sabía decir que a todos los rojos había que cortarles los “hoden” (testículos).  Siguiendo la proclama del general golpista Emilio Mola, el que anunció a bombo y platillo que “arrasaría Vizcaya”, el capitán alemán dio órdenes a los pilotos de los bombarderos Ju-52 de realizar un bombardeo en alfombra sobre las mentadas ciudades vascas.  “Lo que yo vi -refería Ti Saturnino- no me se borrará de la víhta méntrih viva. Allí na,máh había ehcómbruh y jumarérah pol tóh loh láuh.  No se barruntaba un alma, qu,ehtaba tó abrasáu y el airi traía un olol de carni quemá que te jadía hahta gomital”.  También participaron en la masacre los bombarderos italianos S.M.-81.  Luego, los cazas nazis y fascistas se encargarían de ametrallar a la población civil.

 

     El general Francisco Franco Bahamonde, cabecilla de los militares alzados contra el legítimo Gobierno Republicano, ya había dado órdenes expresas de bombardear los núcleos de población, a fin de “desmoralizar a la población civil y conseguir la rendición”.  Más de 11.000 víctimas civiles en zona republicana, entre ellas  muchos niños, a causa de los bombardeos franquistas.  En la autodenominada “Zona Nacional”, alrededor de las 1.100 víctimas.  La diferencia es ostensible.  La Alemania nazi y la Italia fascista podían estar orgullosas de haber sido copartícipes del genocidio perpetrado en España.  Las culpas de tanta destrucción recaían, después, sobre los rojos o los nacionalistas vascos, como ocurrió en la Campaña del Norte.  “Tó una puta mentira –seguía relatando Ti Saturnino “El Guarda”-, que loh aviónih salían de Búrguh y dejaban cael lah bómbah pol tóh aquélluh puébluh de Vigcaya.  Lah bómbah no rehpetaban a naidi, no tenían compasión ni pol loh níñuh ni lah mujérih, ni la genti vieja.  ¡Paeci mentira que presónah humánah tengan valol pa jadel esu!”

 

     Aquello fue en los años 30 del pasado siglo.  Setenta y siete años después el genocidio continúa.  Además, con espectadores, como los del pueblo israelí de Siderot, que, sentados en sus hamacas en lo alto de una colina y con los prismáticos en las manos, jalean y dan efusivos vítores cada vez  que los misiles del ejército judío impactan sobre la Franja de Gaza.  Inhumano y patético.  A los cohetes artesanales de la organización palestina Hamás, Israel responde con una cruenta y desorbitada operación a la que llama cínicamente “Margen Protector”.  Desde el pasado 8 de julio, se cuentan por centenares los muertos palestinos, la tercera parte de ellos niños.  Y los heridos suman varios millares.  Ni se respetan escuelas ni hospitales.  Ya lo vaticinaba, en noviembre de 2012, el sionista Eli Yishai, ministro judío del Interior: “El objetivo de la operación es que Gaza vuelva a la Edad Media.  Solo entonces Israel mantendrá la calma durante 40 años”.

 

     Los mismos que, en enero de 2006, no aceptaron que Hamás arrasara limpiamente en las urnas, son los que ahora, y en otras ocasiones, miran para otro lado, se lavan las manos o hacen tímidas declaraciones de condena.  Nos referimos, claro está, a las potencias occidentales, a la Unión Europea en general y a otros que son serviles  lacayos del imperialismo de los EEUU de Norteamérica.  Todos ellos, con una hipocresía que se la pisan, solo apelan a los derechos humanos y a las leyes internacionales cuando les interesa.  Lo mismo que numerosos medios de comunicación, cuyos hilos los mueven poderosos grupos mediáticos, donde los “neocons” son amos y señores.  El Consejo de Derechos Humanos de la ONU insta a investigar los posibles crímenes de guerra cometidos por el ejército israelí en Gaza, y EEUU vota en contra, calificando el contenido de la resolución de “destructivo”.  Su perro faldero, la UE, se abstiene.  Repulsivo resulta, ahora, que los guatimañas estadounidenses aprueben un paquete de 47 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza, cuando son miles de millones los que ellos entregan como ayuda militar a los que destruyen las vidas y las infraestructuras de los más humildes.

 

     EEUU veta en la ONU cualquier condena  dirigida hacia el Estado de Israel, al que algunos han calificado como “estado-engendro creado interesadamente por ciertas potencias en 1948”.  Y el Gobierno de España sigue los dictados de su amo.  Ya puede Joan Tardá, portavoz de ERC, clamar con dureza porque nuestro país “está vendiendo armas a mansalva, balas y tecnología que sirven para masacrar al pueblo palestino”. A los gobernantes del PP por un oído les entra y por otro les sale.  Ni caso a las demandas y condenas de todo el arco de la izquierda parlamentaria. Tampoco consigue nada la formación PODEMOS desgañitándose en el Parlamento Europeo para que se paralice el acuerdo Euro-Mediterráneo firmado por la Comunidad Europea y sus Estados Miembros, por una parte, y el Estado de Israel, por otro.  Priman los intereses de los más fuertes, alejados siempre de la justicia distributiva y de la compasión humana, pero no del imperialismo y sus correspondientes geoestrategias.

 

     Nosotros, los que nacimos bajo el arrullo de un gigantesco mar de encinas, también sabemos de genocidios.  De bien nacidos es no olvidar las matanzas perpetradas por el ejército franquista y sus milicias fascistas en Badajoz, en aquel bochornoso y sanguinolento agosto de 1936.  El reputado periodista francés Jacques Berthet, del periódico “Le Temps”, testimonió para la historia lo vivido por él el día 15 del citado mes: “Hasta este momento, alrededor de 1500 personas han sido fusiladas.  Los arrestos y ejecuciones en masa continúan en la plaza de toros.  Solo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos…”  Otros muchos testigos ratificarían, horrorizados, esta locura asesina.  Sin embargo, la derecha regional, o sea, el PP, al igual que sus colegas a nivel nacional, sale por los cerros de Úbeda o aparenta estar en Las Batuecas cuando parlamentarios regionales de IU y del PSOE han pedido de forma insistente y contundente que el Gobierno de Extremadura cancele de inmediato los acuerdos que tiene firmados con el Estado de Israel.  ¿A qué extrañar que, luego, muchos acusen al PP de no haber condenado el golpe de Estado del 36 y el planificado genocidio llevado a cabo por los franquistas durante la Guerra Civil y años posteriores?

 

     La asociación AVAAZ.org ha afirmado bien alto que “En Gaza, Israel ha creado la cárcel al aire libre más grande del mundo”.  Una cárcel donde se siguen realizando en todo tiempo “asesinatos selectivos” y se practica un terrible acoso por tierra, mar y aire, condenando a los palestino de Gaza al hambre, a la miseria y a un paro endémico y masivo.  Mientras, empresas europeas y estadounidenses (ABP, HP, Veolia, Barclays, Caterpillar, G45…) continúan invirtiendo en proyectos que financian asentamientos israelíes ilegales, ocupando represivamente tierras del pueblo palestino.

 

     Ti Saturnino “El Guarda”, el de ojos gordos y verdes como ciruelas claudias, seguro que, armado con la autoridad de su cayada, habría metido en el corral de concejo a todos los genocidas del mundo y allí los habría dejado hasta que se pudrieran.  Pero se nos fue sin despedirse un día de Santa Eufrosina, cuando una trombosis cerebral se lo llevó, sin haber alcanzado el listón de los 70.

 

     Matahma Gandhi, conocido como “El Apóstol de la Paz”, dejó escrito, allá por 1938: “Palestina pertenece a los árabes, en el mismo sentido que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses.  Es equivocado e inhumano imponer a los árabes la aceptación de los judíos.  Sin lugar a dudas, sería un crimen contra la humanidad someter a los orgullosos árabes con la finalidad que Palestina  pueda ser restaurada parcial o totalmente como hogar nacional de los judíos”.  Y Gandhi amaba a los judíos, como amaba a toda la estirpe humana.  Pero no se percató que los cruzados seguían tan vivos como en el siglo XIII.


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