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Casi se me cae la pamela al Tajo al conocer la noticia del «presunto» dopaje de Estimate, el caballo ganador del Gold Cup Royal de Ascot del año pasado y propiedad de la reina de Inglaterra. Debe ser lo más normal del mundo hacer un control antidopaje a los caballos, como a los deportistas de élite, cuando se trata de competiciones tan prestigiosas como lo es ésta, muy conocida también por ser el mayor escaparate de «sombreros de colores» que llevan las féminas que acuden a tan popular evento.

 


Según informan de palacio, el pienso estaba contaminado, suponemos que alguien había debido aderezar la comida del equino, por accidente o no, con una alta dosis de morfina, ya que cuando le hicieron la prueba de dopaje al animal, estaba hasta las trancas, como para no ganar la carrera. Vamos que si el jinete no frena al corcel al llegar a meta, todavía sigue corriendo e incluso habría podido cruzar a nado el Canal de la Mancha.

La reina Isabel II  tendrá que devolver el premio siempre y cuando las investigaciones que está llevando a cabo la Autoridad de Caballos Británica estén concluidas. Si una vez finalizadas tuvieran como resultado que han sido los propios cereales con los que fabricaron el pienso los que han producido esa sustancia, yo quiero comer pienso de ese para cuando vaya a correr alguna maratón.

 


Ya veremos a quien se le cae el pelo con este asunto, aunque no hay calva que no cubra una buena pamela.


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