LOS NIÑOS PERDIDOS

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No quiero hablaros de los niños perdidos del país de Peter Pan, ni tampoco del pan de molde,  ni del pan de Taramundi, ni siquiera de Campanilla, sino de unas pulseras que son para evitar que los niños se pierdan  y que se llaman así, las pulseras de los niños perdidos.

 

A ver, vamos a explicar esto bien no haya mal entendidos. En realidad es para facilitar su localización en caso de que se pierdan y alguien de buena voluntad se preocupe de que sus padres les encuentren. Padres que, en algún caso, estarán tumbados al sol despreocupados de todo.

El invento consiste en poner al niño una pulsera que no se podrá quitar y que lleva incorporado un código QR. Sueltas al niño por la playa y listo, a tomar el sol o a darte un baño tranquilamente que el niño ya puede perderse con total libertad y que no moleste, ya se encargará otro de encontrarle, de ir a buscar su teléfono con el que, por suerte, podrá leer el código de la pulsera donde están los datos del niño incluido tu número de móvil, te harán una llamada y listo, final feliz.

En caso de que el teléfono no pueda leer el código por ser antiguo, habría que llamar a emergencias donde inmediatamente activarían el protocolo del niño perdido (literal). Consiste en hacer lo mismo, es decir, buscar un teléfono móvil capaz de leer el código, llamar a los padres y se acabó la historia.

Pero este asunto me ha provocado una serie de interrogantes. ¿El niño sabe hablar?

Si la respuesta es sí,  entiendo que el niño puede ayudar participando en su propio rescate, decir su nombre y el color de la sombrilla, así como informar al socorrista de la existencia de la pulsera, éste,  leerá el código QR y avisará y a los padres para que vayan a buscarle. También puede esperar a que los padres busquen al niño, esa es otra posibilidad aunque dadas las circunstancias, la veo remota.

Si el niño es tan pequeño que ni siquiera sabe hablar y se pierde con una pulsera de esas, ese sí que es un pobre niño perdido por tener unos padres que le dejen a su libre albedrío deambulando por ahí solito bajo el amparo de una simple pulsera.

Yo abogo por proteger a los niños, por no perderles de vista ni un solo momento, prefiero estar pendiente de ellos que de una llamada de móvil si se han perdido. Además, la pulsera ni siquiera tiene GPS para localizarles en un momento de despiste.

Esto me recuerda a los chips que ponen a los perros,  pero mejor no vamos a dar ideas, que con el arsenal de vacunas que nos ponen desde que somos pequeños ya vamos bien servidos los que vivimos en este país de Nunca Jamás.


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