La Plaza de Toros de Almendralejo y la Iglesia de Nuestra Señora del Valle de Villafranca, Bienes de Interés Cultural

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La Plaza de Toros de Almendralejo y la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Valle de Villafranca de los Barros, han sido declaradas Bienes de Interés Cultural en la categoría de Monumento, según publica el Diario Oficial de Extremadura (DOE).

[Img #38776]La Plaza de Toros original de Almendralejo se levantó a mediados del siglo XIX, en un momento de gran prosperidad económica vinculada a la vid, el olivo y las industrias de transformación relacionadas con estos cultivos. En el año 1912 se remodeló adquiriendo su aspecto actual en estilo neomudéjar.

 

La plaza original se construyó por los alarifes Pedrera y Tinoco y se inauguró en 1843 y su aspecto neoárabe sigue el modelo del coso de Madrid, ya desaparecido, de Rodríguez Ayuso.

 

Con una capacidad para 6.000 personas, tiene un diámetro que mide 51 metros. Está construida mediante mampostería, ladrillo y tapial. La estructura la constituyen arcos apuntados sobre los que apoyan bóvedas que soportan el graderío.

 

Pero el elemento más destacado es la andanada superior, la cual consta de arquería de hierro fundido, labrada en el mismo estilo neomorisco que el resto de la construcción. Finas columnas de filiación neonazarí y arcos de herradura angrelados de hierro soportan la cubierta de madera y teja árabe. En las enjutas de los arcos es destacable la decoración geométrica.

 

También destacan los motivos taurinos en la barandilla que separa la andanada superior del resto del graderío. La presidencia, lógicamente, adquiere una mayor presencia al ser más alto el palco que el resto de la andanada. Almenas escalonadas coronan el segundo cuerpo.

 

Interesante es, por otro lado, la bodega que aparece anexa a la construcción, la cual conforma unas dependencias asociadas a la explotación vitivinícola de la comarca, inserta de forma un tanto insólita en un espacio como una plaza de toros, es un ejemplo de la producción y distribución del vino en el Almendralejo previo a la gran reconversión agraria que se produjo desde mediados y finales de los años cincuenta del siglo XX.

 

NUESTRA SEÑORA DEL VALLE

 

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Por su parte, la Iglesia de Nuestra Señora del Valle, de Villafranca de los Barros, posee gran interés histórico artístico, mezclándose en el mismo los estilos gótico y renacentista del siglo XVI con las partes añadidas en los siglos XIX-XX, de carácter barroco e historicista. Particularmente destacable en el mismo son la portada de los pies, el atrio y el retablo mayor.

 

El origen del templo se sitúa en otro anterior, de dimensiones más modestas, de tres naves y cabecera ochavada con bóveda de crucería y cubierta de madera. A partir de 1508 se inician obras en el edificio, obras que conservarán la cabecera mencionada, pero no el resto del mismo.

 

La práctica totalidad del templo se terminó en 1550, si bien la portada del Perdón o de los pies no se concluiría hasta 1574, según una inscripción existente en el sotocoro y toda la obra fue dirigida por el maestro Andrés de Maeda.

 

En 1862, debido al mal estado del templo, se sustituyeron las tres capillas góticas de la cabecera por una capilla mayor de testero plano y cúpula sobre pechinas y crucero. Además se aumentó la altura de la torre y se añadieron seis capillas laterales entre los contrafuertes, al prolongarse estos, además de diversos espacios alrededor de la zona absidial y crucero y del atrio de los pies del templo.

 

En el siglo XX continuaron las reformas, en el año 1910 se construyeron las portadas del evangelio y de la epístola, y en 1912 el chapitel que remata la torre. En 1953 la iglesia se adornó mediante una serie de pinturas murales.

 

La parte más valiosa del inmueble es la correspondiente a la bóveda del sotocoro y a la portada de los pies, que se ejecutaron al mismo tiempo, en torno a 1574.

 

Todo el conjunto añadido en el siglo XIX pertenece a los estilos tardobarroco e historicista neogótico. Dentro del templo son importantes varios retablos e imágenes, destacando particularmente, el retablo mayor y la pila bautismal, del siglo XVI, con decoración figurada en relieve e inscripción.


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