PODEMOS, CONTRA LA IGLESIA

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Hay que pararlos. Como sea. Aun cuando el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Gil Tamayo, ha repetido una y mil veces que desde la Transición, con Tarancón, la Iglesia española no ha dicho nunca a quién votar, en este caso hay que hacer una excepción por un sentido propio de supervivencia: si Podemos llegara a ganar las elecciones en España la Iglesia desaparecería por falta de recursos económicos públicos, tal y como ha anunciado su líder, Pablo Iglesias.

 

Podemos no tiene aún programa electoral pero, en el caso de la educación, Pablo Iglesias ha dejado muy claro que los colegios concertados no se financiarán en este país con dinero público, indicando que la escuela concertada “puede ser extremadamente útil para iniciativas de innovación educativa”, pero no “para que la Conferencia Episcopal pueda financiar sus colegios con dinero público”. El líder de Podemos no quiere que los colegios concertados se financien con dinero público, “entre otras cosas porque segregan a los niños y niñas”, dice.

 

Según el Sindicato Independiente de Enseñanza (FSIE), hay 5.500 centros concertados de los que 4.448 son religiosos y 1.052 no tienen adscripción religiosa. ¿Entonces Podemos también quitaría las ayudas a los centros concertados no religiosos? Sobre esta premisa, el partido de Pablo Iglesias no ha hecho ninguna matización. Si se acaba con las ayudas a los centros concertados, unos 190.000 profesores podrían perder sus puestos de trabajo y unos 2 millones de alumnos se quedarían sin colegio. En el caso de los centros concertados religiosos, el número de profesores afectados serían 153.000 y el número de alumnos 1.500.000.

 

Lo que no ha planteado Pablo Iglesias es qué haría con estos alumnos que quedarían sin escolarizar y con los profesores que perderían su trabajo.  Son unos 3 millones de alumnos si se suman los concertados y los privados.

 

Desde FSIE se muestran contrarios al modelo de la escuela única y apuestan por la pluralidad. “No compartimos que haya solo un modelo de escuela dirigida por el Estado. Lo que ellos proponen va más allá de las expropiaciones, quieren eliminar este tipo de colegios. Además, los cerrarán sin dar ningún tipo de compensación a los trabajadores, lo único que quieren es mandarnos al paro”, destaca el Sindicato Independiente de Enseñanza.

 

 “Las medidas de este tipo hay que verlas con sosiego. Es un tema muy complicado porque el artículo 27 pertenece al único pacto de Estado en educación que ha habido en España y para revisarlo necesitaríamos otro pacto de Estado. No bastaría con una visión unilateral de un partido”, se apunta.

 

Aunque podría pensarse lo contrario, los uniformes escolares, aquellos que aborrecen los alumnos y que les igualan estéticamente, suponen un aliado para que los padres no discutan con sus hijos por las mañanas y sorteen la crisis a base del trueque, la segunda mano y un menor desembolso en ropa. Desde el Sindicato Independiente de la Enseñanza Pública (Anpe) se destaca que el uniforme tiene cosas buenas, como acabar con la desigualdad entre los niños o ayudar al ahorro de las familias a fin de mes. A pesar de esto, apunta que la decisión de poner uniforme para los alumnos es de cada centro.

 

El tema de los uniformes no es solo cosa de los colegios privados. En el colegio Público Antonio Allué Morer de Valladolid usan los uniformes desde el 2007. Su directora, María Henar Rubio, los introdujo en 2007 tras votarse por mayoría y a petición de los propios padres. “Con la crisis el uniforme es una ventaja, más en nuestro caso, donde hay familias desfavorecidas. La labor principal del uniforme aquí es que no se vean las diferencias”, señala.

 

Incluso los niños “están encantados” con el uniforme (falda o pantalón gris, polo blanco y sudadera granate), según Rubio, que añade que la compra de las prendas se gestiona desde el propio colegio pero con un precio “muy bajo” de acuerdo con la empresa fabricante.

 

La Iglesia no debe mezclarse en decir a quién se vota y a quién no, pero está en la obligación moral y espiritual de indicar a sus fieles de los peligros que la atenazan.  Al igual que el Papa Francisco no se cansa de advertir que tengamos mucho cuidado con las acciones del Maligno, los obispos españoles deberían dar la cara y avisar que un solo voto a Podemos es un voto que se entrega en contra de la Iglesia y su idiosincrasia. Hasta el momento, la amenaza contra las creencias religiosas de este país no había sido tan clara y patente: Pablo Iglesias y Podemos terminarán con la Iglesia si tocan poder y tal y como se están poniendo las cosas es una posibilidad que no se puede descartar.

 

Está muy bien eso de poner la otra mejilla pero cuando el enemigo ya ha dejado claro que está contra Cristo los católicos debemos utilizar todas las armas que estén a nuestro favor para decir que estamos con Cristo, aunque sea desde los púlpitos. No podemos permitir que una pandilla de desarrapados termine con un modo de vida que nos ha funcionado en los últimos dos mil años ni que pongan nuestra Fe en cuarentena. Podemos es una amenaza real y debemos combatirla con la Palabra, pero en este caso sin utilizar parábolas sino diciendo claramente a los católicos que un voto a Podemos es un suicidio.


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