ROMANCE DE LA FREGONA PERDIDA

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Adiós limpia compañera, adiós a este mundo incauto que desoyera tus quejas y las mías en tantas mañanas de agónico menester. Hemos llorado juntas los tantos agobios del tiempo, yo de mi espalda quejándome y tú con tu palo dolorida, ambas inyectadas a una misión imprescindible que a los demás pareciera inocua. Ambas, compañera, sin poder sentar ni culo ni cabeza, sin alimentar nuestros sueños, sin estremecernos juntas por una emoción. Ay, fregona amiga, cuántos desfiles a solas imaginando pasarelas de postín, por aquellos pasillos de baldosas blancas sintiéndonos reinas del glamour; cuántos secretos míos se han llevado tus esporas flotantes; cuánto de soledad nos dimos en la oscura ración del día con el único aliento del silencio y cuántas veces te canté las coplas de mi vida contando siempre con tu inquebrantable prudencia.

 

         Ahora que el tiempo te ha partido el alma, dejas en el hogar la pelusilla del honor y la alegría de nuestra convivencia y sabrás perdonarme que nunca me gustaras y que nunca te pusiera en lugar de privilegio; ya sabes, son las costumbres de esta sociedad, la fregona no puede convivir con los zapatos ni con la ropa ni con los niños, estabas en lo más escondido como elemento menor, descuidada y en un lugar desaliñado; nunca tuviste un halago, nunca una promesa, jamás una ternura. Y ahora que te has ido se me caen las lágrimas y te echo de menos no solo en el armario del lavadero sino también en mis esquemas. Ahora sé más de tu necesidad.

 

         Adiós compañera, no mires hacia atrás, no te entretengas en recordarme, no me guardes rencor y vete a la nada de las fregonas a contar tus desencantos. Si te reencarnas que sea en un paisaje, en una joya o en una canción. Si vuelves que sea para conseguir más acomodo y muchas atenciones. Y cuando tengas para ti la mínima posibilidad de recordar tu estancia en estos suburbios, admite que cumpliste con tu deber con el cuidado exquisito que te habían exigido y no hagas caso de tu falta de sueños, los humanos también andamos así pero lo disimulamos a base de soberbia.


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