¿QUÉ FIN TIENEN LAS ENCUESTAS?

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Dicen que marcan la fotografía en un momento determinado. Dan o quitan mayorías en función de lo que los participantes quieran decir en cada momento. Seguro que si se repitiesen hoy los resultados serían diferentes a los de hace dos meses. Para marcar tendencias ya están los artistas y sus estridencias. Observo ahora a los chavales extremeños con las mismas pintas que los que aparecen en un programa de televisión en donde supuestamente se busca el amor. Estoy convencido de que si alguno o alguna de los famosillos y famosillas se presentaran a las elecciones barría. Paso con la actriz porno Ciccolina en Italia que hizo campaña enseñando las tetas y una corona de flores. Belén Esteban acaba de ganar el Gran Hermano VIP. La de San Blas, residente ahora en Paracuellos del Jarama, obtendría la Alcaldía de proponérselo. No le iban a hacer falta sondeos o encuestas porque ella, por su pueblo, mata.

 

Las encuestas son un puro entretenimiento que, como la quiniela, a veces aciertan o a veces fracasan. Ocurrió en 2004 con Mariano Rajoy. Un atentado terrorista en Atocha y se fue a la oposición. Ahora, once años después, parece que está todo más calmado. Algo le deberemos a José Luis Rodríguez Zapatero y al propio Rajoy. En Extremadura todo parece indicar que ganará el Partido Popular. Sobre los márgenes no me pronuncio. Decía el diputado socialista y líder agrario Juan Miguel Asperilla –ya ha llovido–, que la política es cíclica. ¿Ha terminado, pues, el ciclo, de José Antonio Monago? Yo creo que no. Existe una fuerza importante de extremeños que militan en el PP. Otros, indecisos de edad madura, siempre se han dejado guiar por el poder y votan a quien ocupa en este momento el Gobierno. Y los más jóvenes siguen los consejos de sus padres, amigos o se alían con Podemos, que vaya el batacazo que se ha dado en Andalucía donde, según Pablo Iglesias, iban a arrasar.

 

Esta misma fórmula me sirve con el PSOE. 28 años en el poder en Extremadura desgastaron a un hombre culto, educado, noble y católico como es Guillermo Fernández Vara, quien estuvo los últimos cuatro años con una oposición feroz del PP que, en su talante, no va. Él es mucho más comedido, más didáctico y esto en lugar de comprenderse en positivo se atribuye a debilidad. La prueba está en que ha tenido que enseñar las uñas, sobre todo con la deuda que Monago deja y que asciende a más de 3.000 millones de euros, una barbaridad que escandaliza al mismísimo Ministerio de Hacienda.

 

Pero aquí la única encuesta que sirve es la de las diez de la noche del 24 de mayo, después de que cerca de un millón de extremeños pasen por las urnas y se sepa si es Monago o Fernández Vara el próximo presidente de la Junta de Extremadura, siempre dependiendo de los pactos electorales. Todo lo demás son especulaciones que están muy bien para vender más periódicos y hacer que alguien que todavía duda opte por caballo ganador o perdedor, que nunca se sabe. En las siete legislaturas que llevo votando jamás me han llamado de una empresa demoscópica para decirme cuál era mi preferencia. Solo en las elecciones de hace cuatro años y a pie de calle me preguntó una joven y le dije mi opción sin problemas.  Con esta pregunta se hacen una idea de por dónde van las cosas y suelen acertar, es cierto, pero ha habido casos en los que también han metido la pata de forma considerable.

 

Las encuestas marcarán la foto de un día o de un momento y no pongo en duda que las realizadas en Extremadura vayan a ser fiel reflejo de lo que suceda el 24 de mayo, pero conozco a más de uno que va a cambiar el sentido de su voto con respecto a anteriores elecciones y su hartazgo no lo va a capitalizar Podemos precisamente. En estas elecciones Extremadura se juega el continuismo o el cambio, representados por PP y PSOE, respectivamente. ¿Qué es interesante lo que suceda? Desde un punto de vista periodístico puede pero lo que nos jugamos los extremeños es demasiado.

 

Así pues, lo que les he dicho en otras ocasiones: voten en conciencia, pensado lo mejor para Extremadura y para su municipio; sigan el pálpito que les dé su corazón y no traten de hacer cábalas como si jugasen a la Lotería. José Antonio Monago o Guillermo Fernández Vara. Uno de los dos será el presidente. Y cuatro años son muchos como para andar probando suertes.


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