Las sincretismos entre religión y magia han dado lugar a que, desde tiempos de Maricastaña, se vertebre y se configure el imaginario popular. Todo un sinfín de representaciones culturales y de simbologías varias que se cruzan, entrecruzan, giran y revolotean convierten a los sincretismos mágico-religiosos en complejos, arduos y dificultosos, pero siempre fascinantes a la hora de su interpretación. La festividad de San Antonio de Padua en la mítica comarca de Las Hurdes está empapada de tales sincretismos por sus cuatro costados, como puede observar cualquier viajero que el día 13 de junio se acerque por las alquerías de Aceitunilla, Las Erías o La Fragosa.
![ESTE SÁBADO SAN ANTONIO DE PADUA SERÁ ENTRONIZADO EN LA COMARCA JURDANA. [Img #44610]](upload/img/periodico/img_44610.jpg)
La estricta ortodoxia de la Iglesia, con su característica visión alicorta y dogmática, suele tachar de supersticiones muchos de los poderes milagrosos que se atribuyen a San Antonio de Padua, como aquel de adivinar y localizar los ganados perdidos, o el de propiciar y allanar el camino de los noviazgos. El imaginario popular jurdano nos presenta al santo acompañado siempre de un perrito blanco, sobre todo en sus caminatas nocturnas por las fragosas sierras de la comarca. Sabido es que los animales albos siempre fueron considerados en el medio rural como embajadores de la buena suerte.
FESTEJO
![ESTE SÁBADO SAN ANTONIO DE PADUA SERÁ ENTRONIZADO EN LA COMARCA JURDANA. [Img #44609]](upload/img/periodico/img_44609.jpg)
Tanto en una como en otra alquería, no pueden faltar los repiques de campanas, el canto de “Los Pajaritos de San Antonio” en la procesión, el recitado del “Rehponsoriu” y el “Ofretiju”. Cuando se dan por terminados los oficios religiosos, la comunidad vecinal suele participar en un aperitivo costeado tras una colecta por las casas del caserío, que se ameniza con los sones de los tamborileros. El Ayuntamiento del concejo también colabora pagando a alguna charanga o a algún conjunto verbenero. Jornada muy propia para compadrear y comadrear, para renovar antiguas amistades, para echar una “pinta” de vino o un “canecu” de aguardiente en una y otra casa y a la que acuden amistades y vecinos de otros pueblos aledaños. Después de un invierno tan seco y una primavera que solo lo viene siendo a medias, también con gran escasez de lluvias, los “galiciánuh” (así son motejados los habitantes de Aceitunilla) esperan que se cumpla el viejo refrán: “Po San Antoniu, nubrau, y po San Juan, enrasau”. O lo que es lo mismo: que el tempero esté húmedo y fresco por San Antonio, que ya habrá tiempo de que el cielo esté despejado y caliente el sol a partir de San Juan, a inicios del verano.






