Sin ruido alguno, como una vela a la que ya no le queda cera que quemar, así se apagó anoche la vida de quien brilló por y para Nuestra Señora de Guadalupe y su tierra extremeña… el padre fray Sebastián García Rodríguez O.F.M.
![Muere el padre fray Sebastián García, cantor de la universalidad guadalupense [Img #44915]](upload/img/periodico/img_44915.jpg)
Rodeado de legajos y amparado por las vetustas piedras de la torre de Santa Ana (donde se ubican el archivo y la biblioteca), dio a luz un sin fin de monografías y artículos dedicados a los más variados asuntos (historia, medicina, derecho, filosofía…) aunque siempre con un eje común: la devoción universal a Nuestra Señora de Guadalupe y su tierra extremeña. Nacieron así obras tan recordadas y conocidas como: Guadalupe, cita de fe y de arte (1973); La Rábida, pórtico del Nuevo Mundo (1982); Guadalupe de Extremadura en América (1992); El Camarín de Guadalupe: historia y explendor (1996); Los miniados de Guadalupe (1998); o el Corpus Bibliographicum Guadalupense (2003), entre muchas otras.
A sus publicaciones, se sumaron además sus conferencias en simposios y congresos celebrados en lugares como La Rábida, El Escorial, Roma, México o la propia Puebla de Guadalupe; y su tarea como director de muchas otras reuniones científicas entre las que siempre será recordada «Guadalupe siete siglos de Fe y de Cultura», organizada con motivo del centenario del descubrimiento americano en 1992; o el titulado «Modelos Arquitectónicos del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe».
Los reconocimientos a su generosa e inmensa labor en pro de la historia, del libro en Extremadura y, sobre todo, de la devoción guadalupense, le hicieron merecedor de importantes premios llegados desde la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura; la Unión de Bibliófilos Extremeños, que lo nombró «Bibliófilo de Oro»; el periódico HOY, que le concedió el premio «Extremeños de Hoy»; el Fondo Cultural Valeria de Campanario, que lo hizo «Socio de Honor»; la Real Asociación de Caballeros de Guadalupe, que le entregó el «Premio Hispanidad»; o de su pueblo de Campanario, que lo nombró Hijo Predilecto y le puso su nombre a la calle en la que nació.
Hoy se ha apagado la voz de aquel hombre de mediana estatura y ancho corazón que dedicó su vida a pregonar las verdaderas raices históricas de una Región, que al amparo de su Patrona, gestó empresas de transcendencia universal. La enfermedad se lo ha llevado, pero la tarea que quiso y supo hacer perdurará para siempre. Gracias fray Sebastián por tanto como nos enseñaste.






