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CABALLO DE TROYA

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 Camilo Corrales Sánchez vino al mundo el día de San Agripino y Santa Regisvinda, en un tórrido julio (aunque menos que el actual, que parece ya pregonar el temido cambio climático) de 1897.  Con los años, el hijo de Ti Perfecto Corrales Esteban y de Ti Maximina Sánchez Sánchez, pasaría a ser llamado Ti Camilón y, sin comerlo ni beberlo, se encontró con que fue nombrado alcalde por el gobernador civil de la provincia (tiempos de obscura y tétrica dictadura) el día de La Pura de 1945.  Pero su mandato solo le duró tres meses y doce días, ya que el 20 de marzo de 1946 le dieron un puntapié y la vara de la alcaldía pasó al vecino Calixto Montero Corrales.

 

     Antes que Ti Camilón y después que terminó la maldita guerra civil que ocasionaron los espadones de siempre, junto con la oligarquía agraria, las derechas, los curas trabucaires, los banqueros, grandes empresarios y las milicias parafascistas, los alcaldes en el poblachón duraban menos que una piruleta a la puerta de un colegio.  De 1940 a 1945, se sucedieron Fulgencio Corrales Martín, Pedro Bayle Gutiérrez, Jacinto García Gutiérrez (“El Canu”), Lucas Jiménez Amador y Juan Montero Sánchez (“El de lah Pérrah”).  La autorización por parte de la alcaldía de capeas prohibidas por el Gobierno Civil y ciertas anomalías en la declaración del aceite a la Fiscalía de Tasas, producía tan ajetreado baile de alcaldes.

 

     Ti Camilo Corrales, nieto paterno de Ti Antonio Corrales y de Ti Victoria Esteban, en su toma de posesión como máximo regidor del lugar, refieren que dijo: “La juhticia debi encomenzal por la mehma casa de unu”.  Y como en aquellos años de mucha ceniza y mucho cilicio anduvieran una noche de farra, armando gran algarabía por las calles varios mozos, entre los que se encontraban tres de sus cuatro hijos varones, él solo se bastó para salir a su encuentro y detenerlos.  Los llevó a los calabozos municipales, pero solo encerró a sus tres vástagos.  A los otros les dijo: “Cumu alcaldi de vara que soy, la juhticia debi encomenzal por la mehma casa de unu, y cumu a loh que he encerrau son de la mehma casa, poh vusótruh podéih continual la fiéhta.  Y si algunu de vusótruh me llama parienti o no  queáih confórmih con la mi juhticia, tamién coju y voh metu en la perrera”.  Y, luego, Ti Camilón, se  fue de farra y de ronda con los mozos, prometiéndoles que, mientras él fuera alcalde, sería la mocedad la que mandaría en el pueblo, que las capeas se harían quisiera el gobernador o no quisiera, y los “entruéjuh se jadrían de la mehma jorma, dijiera el gobernadol lo que dijiera”.  Presumiendo de que él era un alcalde del pueblo y para el pueblo, explicó a los mozos que “había que dal pasu a la genti nueva, que eh la que tiene que agarral el timón del arau y levantal a Ehpaña, y que lah tásah del aceiti no lah iba a pagal polque esu era empobrecel a la genti máh baja, y ya se pudían ponel cumu se pusiesin y ponelsi el sol pol el saliente, que él, cumu alcaldi de vara, no pagaría ni una perra chica par engordal a loh que ya ehtaban en demasía de górduh”.  Después de terminar el discurso, dio un viva a los mozos y a los quintos, lanzó un “rejinchu”  (jijeo) y siguió, como uno más, la calle abajo.  No tardó en venirle el apercibimiento, la correspondiente multa y el cese fulminante.

 

     Terribles tiempos aquellos para un alcalde que se dejaba llevar por su subconsciente y prometía a la mocedad la conveniencia de que la gente nueva tomara el timón y que él mismo se comprometía a no pagar unas tasas que consideraba abusivas y que hundirían aún más las maltrechas economías de los vecinos.  Pero ahora no hay dictaduras en Europa, aunque sí hay torturadoras partitocracias que se ríen a carcajadas o pasan de las urnas donde se depositan los votos que debieran ser el ejemplo de una cristalina democracia.  Los “demócratas” del PP siguen asomando su patita enharinada por debajo de la puerta; sin embargo ya no engañan a nadie.  ¿A quién va a engañar, por ejemplo, una pepeísta como Isabel García Tejerina, ministra española de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, cuando en una entrevista en “Espejo Público”, afirma: “Ojo, que las urnas son peligrosas”?  Y todo porque los griegos habían votado a una formación política como “Syriza”, la que ha tenido dos testículos (o dos ovarios) bien puestos para que el pueblo griego utilizara la democracia directa en el referéndum del pasado día 5 de julio.  Referéndum donde triunfó el “NO” a las políticas de la troika, frente al “sí” de ese patético y esperpéntico Mariano Rajoy, que se desgañitaba pidiendo al pueblo griego que le diera las espaldas a su primer ministro, Alexis Tsipras. 

 

     Fúnebre y sombrío, como un irredento personaje de una tragedia griega, se abatía Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, comentando que “se sentía traicionado porque el gobierno griego había convocado un referéndum”.  Lo que sí que fue una traición es que, bajo su mandato como primer ministro, Luxemburgo suscribiera multitud de acuerdos con empresas griegas y multinacionales como “Coca-Cola”, para evadir su tributación en Grecia, tal y como ha desvelado las investigaciones de “Luxleaks”.  Incluso Holanda, que preside actualmente el Eurogrupo, también viene aplicando otro sistema que facilita la evasión fiscal de las empresas  del país heleno. Los jinetes del Apocalipsis agañotando a los pobres pero dignos griegos porque se han atrevido, a través de Syriza, a denunciar y poner en evidencia las políticas discriminatorias e inhumanas de ese capitalismo que defiende el Partido Popular Europeo, pero también las mesnadas de los liberales y de los socialdemócratas.  Quieren imponer estos apocalípticos sujetos el terror mediático, blandiendo sus espadas de fuego contra todos aquellos que, como Tsipras y otros dirigentes de la izquierda alternativa, defienden el pan de los pobres.

 

     Infausta y calamitosa, igualmente, la posición de Martín  Schulz, presidente socialdemócrata del  Parlamento Europeo, al que han seguido en sus tesis destacados dirigentes del PSOE.  No es extraño, por ello, que honestos socialistas españoles, acostumbrados a hablar muy claro, hayan tirado el río abajo el carné de dicho partido, como la que fuera secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón.  Nuestra amiga Bea, a la que le faltan unas rebeldes pupilas del color del “Mare Nostrum” para rimar con su carnosa y contestataria lengua y evocarnos a otra agraciada fémina que rema por nuestras mismas aguas, acaba de poner como a chupa de dómine, a raíz de la criminalización de Syriza y del pueblo griego, a antiguos compañeros suyos, llámense Pedro Sánchez o Jordi Sevilla.  De ellos dice que son “puro márketing y les da igual defender una cosa que la contraria al día siguiente”.  Y afirma, del mismo modo, que  ni son socialistas ni republicanos, ni respetan la dignidad democrática de otros pueblos y que prefieren reunirse con gente del Club Bildeberg (la caverna de los ricachones del mundo) antes que con las bases de su partido.

 

     Si Ti Camilo Corrales, que fuera nieto materno de Ti José y de Ti Antolina (ambos apellidados “Sánchez”), se erigió en un modesto y mitológico caballo de madera fabricado por un humilde carpintero (no por el famoso Epeo, el focidio) e incursionó osadamente entre las siniestras instituciones  franquistas, Tsipras, con su Yanis  Vorufakis, su Syriza y su referéndum, sí que se han infiltrado, camuflados entre las tripas de un majestuoso, honorable y meritorio Caballo de Troya, en la fortaleza conservadora y neoliberal europea.  Honor han hecho a sus antepasados.  Han desembarcado en el corazón de la Alemania calvinista y han asustado a los banqueros.  Avalados iban por Premios Nobeles  de Economía tan prestigiosos como Paul Krugman y Joseph Stiglitz, y  alentados también por el filósofo teutón Jürgen Habermas, quien muy alto y diáfano ha dicho lo siguiente: “Las élites políticas de Europa no pueden seguir ocultándose de sus electores, escamoteando incluso las alternativas ante las  que nos sitúa una unión monetaria políticamente incompleta.  Son los ciudadanos, no los banqueros, quienes tienen que decir la última palabra sobre las  cuestiones que afectan al destino europeo”. 

 

     La víspera de la Nochebuena de 1981 nacía casi solfeando la celebrada cantante catalana Elisabeth Rodergas Cols, más conocida por Beth.  Y mientras resbalaba por los muslos de su madre, se agotaba el aliento de aquel paisano al que se le iban los ojos tras de las sayas: contestatario y efímero alcalde, fino y agudo chalán para los tratos, el que, siendo ya viudo y octogenario y yendo en silla de ruedas, todavía seguía enamorándose y tirándole los tejos a las solteronas del pueblo, a las que escribía largas y cariñosas cartas.  Treinta y cuatro años después somos muchos los que queremos que nos guarden un sitio en el vientre de ese Caballo de Troya, guiado por los griegos, para asaltar y destruir de una vez todos esos Bundesbank que salpican la geografía europea, por más que los defiendan con uñas y dientes esos que se llaman Wolfgang Shäuble, Jens Weidmann, Sigmar Gabriel o algún que otro Pablo Casado (vicesecretario de Comunicación del PP) con sus embustes.


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