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Destruida una estación prehistórica en Santibáñez El bajo

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Recientemente, cuando un equipo de investigadores se disponía a fotografiar, calcar e inventariar una estación prehistórica situada en una calleja que, partiendo de la carretera de Valdeobispo une el paraje de “La Juenti Fernandu” (Fuente de Fernando) con la hoja de “El Monti”, se ha llevado la tremenda y triste sorpresa de que la roca donde se encontraban toda una serie de grabados ha sido completamente destruida. Por las informaciones recabadas, este atentado arqueológico se produjo en la pasada legislatura municipal, cuando las máquinas destrozaron el risco, con el fin de dar la amplitud debida a la calleja.

  [Img #46476]En la superficie rocosa del mentado cancho había grabada una variopinta simbología, como cazoletas, dos esteliformes, figuras semejantes a herraduras y varios haces de líneas.  La tradición mágico-religiosa auroleaba este roquedo con la creencia de que sobre él resbaló el caballo del apóstol Santiago, cuando iba en persecución de “loh móruh” (personajes míticos, que no se corresponden con hechos históricos).  Los paisanos atribuían tal simbología al resbalón del caballo, que dejó impresas sus herraduras y sus cascos.  Posiblemente, estos grabados se remontaran a épocas calcolíticas, con una antigüedad que podría oscilar entre los tres mil y cinco mil años.  Tal vez, teniendo en cuenta la simbología, la roca estuvo ligada a ciertos rituales ganaderos, aunque tampoco hay que descartar su ligazón con cultos lunares o de fertilidad.  Por la comarca leonesa de La Valduerna, también hay algunos grabados de este tipo y se narran las mismas leyendas relacionadas con el resbalón del caballo del mentado apóstol.

 

MANLIANA

 

     Hace ya unos años, por mandato municipal, los obreros de los trabajos comunitarios arramplaron con varias piezas graníticas que habían salido en la dehesa boyal de la localidad al realizar ciertas labores agrícolas.  Estos vestigios se hallaban donde algunos investigadores han señalado que se podía encontrar el asentamiento rural romano de Manliana. Como hecho curioso, un pozo anegado, del tipo galería inclinada con escalones, ubicado en esta área, es llamado por los campesinos como “Pozu de la Pizarrilla” o de “La Mal Llana”  Ciertamente, a lo largo y ancho de varias hectáreas  se rastrean huellas romanas:  canterías labradas, tégulas, ímbrex, fragmentos de cerámicas comunes y alguna sigillata.  También ha aparecido monetario que abarca desde época republicana al Bajo Imperio.

 

  [Img #46477]    Entre las piezas arrampladas figuraba una muy singular, en granito, que presentaba un creciente lunar insculpido y que había sido considerado por algunos arqueólogos como una “cupae” (parte de un monumento funerario).  Pero las nuevas investigaciones llevadas a cabo por el investigador Jaime Río-Miranda Alcón concluyen en que dicha pieza formaba parte de la cabecera de un hogar, lo cual es muy factible, ya que al lado de ella, se encontraban varios molinos circulares íntegros, de mano, y fragmentos de cerámicas comunes, propios del menaje de cocina de la época.  Lamentablemente, todas estas piezas fueron transportadas para adecentar unos caminos rurales y sus correspondientes alcantarillas.

 

      Estos saqueos y atentados contra el patrimonio cultural no son, generalmente, realizados a mala fe, sino que son producto de la ignorancia, que lleva a no valorar adecuadamente los restos arqueológicos.  Se hace preciso, pues, la urgente catalogación del patrimonio de nuestros medios rurales, para que los Ayuntamientos sepan a qué atenerse a la hora de emprender cualquier tipo de obras en sus términos municipales.  Y se precisa igualmente, de una vez por todas, que se tome en serio la creación de museos de identidad, tan puesta en boga por la Administración regional anterior al año 2011, pero que solo quedó en una declaración de intenciones.  Si se llevan a cabo estos museos de identidad, como ha ocurrido en otras comunidades y que tanto se prodigan en la vecina nación portuguesa, permaneciendo las piezas arqueológicas dentro de su contexto, se conseguirían dos loables objetivos: el positivo conocimiento y valoración de los lugareños de tales restos arqueológicos y el dotar a tal villa o tal lugar de un atractivo turístico más, para que el viajero pueda conocer, in situ, el pasado de la localidad que visita.


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