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NO HAY MAS LUZ QUE LA QUE ALUMBRA

OPINIÓN
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Yo, que siempre acabo encontrando las cosas más raras o en un cuadro o fotografía, aunque luego soy incapaz de reconocer la cara de una persona hasta que la he visto muchas veces, descubrí en una toma nocturna, hecha por un satélite, que incorporó un partido en un folleto de la pasada campaña electoral, que España es la que menos luces tiene de Europa, y aunque algunos piensen que tengo toda la razón, viendo lo que está políticamente pasando, no me refiero a esas, sino a las que facturan las compañías eléctricas. ( Mi madre me decía de pequeño: Hijo tú vete siempre con buenas compañías.

 

Pero es que, mamá,  me lo han puesto imposible, en las eléctricas no hay ni una buena).

 

Mírenlo ustedes mismos, no hace falta ponerse las gafas de ver de cerca, para descubrir que nuestro  vecino Portugal está más iluminado, y ya no nombro al resto europeo. Nuestra imagen luminosa, es superponible a la de los países norteafricanos. La pregunta surge espontánea. ¿Por qué? ¿Por qué nuestro vecino Portugal, teniendo un nivel económico inferior al nuestro, brilla más? No me he tomado la molestia de hacer un estudio comparativo, pero estoy seguro, que esto  de apagar las luces, se debe, no a que somos muy obedientes a la hora de cumplir las recomendaciones, sobre el ahorro energético, sino porque  a pesar de la abundancia en España, de sol , de aire que mueve los abundantes molinos de viento, de las varias centrales nucleares, de las hidroeléctricas y demás elementos productores, el recibo de la luz es más caro que en todos estos países. Es posible  que las compañías digan que es porque los costos  del producto final son elevados. No me extrañaría,  por la mala planificación ( o discriminatoria para las provincias que no se quejaban nunca, y en las que pusieron pantanos que inundaron pueblos enteros o dejaron, su término municipal, reducido a la mínima expresión, y centrales nucleares), debido a las grandes distancias entre los centros de producción y  de consumo, que originan enormes pérdidas de fluido durante su traslado. Los elementos productores de electricidad, se colocaron en provincias de “segunda o tercera categoría”, sólo merecedoras de la emigración de sus habitantes a otras más privilegiadas, por el régimen franquista, aunque las cosas tampoco han mejorado tanto, tras la democracia. En un pueblo en el que paso algunos veranos, hasta se carece de repetidores para los móviles, que los suelen activar cuando las protestas de los vecinos recién llegados, procedentes la mayoría de Madrid, Barcelona o Valencia, inundan las oficinas de las compañías.  Los pantanos se construyeron,  en lugares, en los que el inundar grandes extensiones no ocasionaría contestaciones políticas, como en Extremadura, Ávila, Guadalajara, o Cuenca, en beneficio de las grandes empresas hidroeléctricas o para dar riego a Valencia o Murcia, aunque se realizara un trasvase que atravesase toda la provincia, sin posibilidad de hacer uso de él a los autóctonos, pero eso, como decía de vez en cuando Jordi Pujol “ahora no toca”.

 

 Todo este poder, lleva, entroncado en la política, desde la época de Franco y se  han convertido en un casi monopolio, aunque sean varias, que les permite pasar unos recibos de luz, en cuya factura impresa debería poner de modo obligatorio, como en las cajetillas de tabaco, “las autoridades sanitarias advierten que su lectura puede provocar infartos”. El problema es que incluso los “resucitadores” que dan la descarga para volver a poner en funcionamiento el corazón, se cargan con electricidad. Está visto que no tenemos escapatoria. Nos rendimos.

 

Por eso no me  extraña, que tengamos “tan pocas luces”,  ya hay quien las tiene por nosotros y además nos las cobran.


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