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[Img #51153]Si el toreo es rito, la plaza es templo. Si el toreo es drama, la plaza es escena. Si el toreo es arte, la plaza es museo. Si el toreo es técnico, la plaza es escuela. Si el toreo es pueblo la plaza es grito. Escribe,   Antonio Abad en su libro “Los Toros”.

 

Pues bien;  dentro de las plazas de toros, hay un callejón. A saber: para  Ernest Hemingway (autor de Fiesta en la tarde y El verano sangriento), entre  los tendidos  de las plazas de toros y el ruedo, hay un  subsuelo, el callejón,  que es muy difícil meterse en el mismo, a no ser que sea un periodista tan sagaz y listo como él.

 

Advirtió que el toreo no tiene su único interés en el ruedo, pero que debajo hay un subsuelo de la fiesta; en este subsuelo, hay un mundo muy complejo, difícil de penetrar para muchos curiosos, no asi para Hermigway .

 

El callejón es el espacio comprendido entre la barrera y la primera fila de localidades. En el callejón se sitúan los mozos de espadas y ayudas para  servir capotes y aceros a los maestros, y aguardan su turno las cuadrillas. En él existen burladeros interiores para la fuerza pública, apoderados, delegado de la plaza, médicos, veterinarios etc. El callejón es un espacio lleno de actividad donde se doblan capotes o se sirve un trago de agua, ahora en botellas de plástico, ante en el clásico botijo.

 

     Vengo observando, de un tiempo a esta parte, que por el callejón pululan personas o personajillos que no deberían permanecer en el mismo, porque sólo van a los toros para figurar y ser vistos. Tuve la curiosidad y me permití el lujo de contar, una a una, las personas que abarrotaban el lugar que, supuestamente, está destinado para los profesionales que van a trabajar. El callejón de la plaza de toros de Olivenza, en las pasadas corridas de toros, y llegué a sumar cerca del centenar de personas, ¡ qué barbaridad!..esto o parecido sucede en algunos cosos de nuestra región.

 

     Los profesionales del toreo no se merecen que su seguridad se vea menoscabada por las estúpidas y banales pretensiones de los muchos figurantes que moran por el callejón con lujosas  invitaciones. La solución está: negar dichos pases o, que trasladen a los invitados a unos palcos, designado a tal efecto, y el  callejón para  los que deben estar… Los demás al tendido, que es su sitio.         


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