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GAYARRE Y SARASATE DOS AFICIONADOS A LA FIESTA NACIONAL.

OPINIÓN
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  ¡Pamplona, San Fermín!. Desde hace cuatro días, se vienen celebrando estas fiestas famosas en todo el orbe, que son los sanfermines, de ahí, que nos encontremos en el ecuador del ciclo taurino pamplonés.

 

  Ahora, desde este Balconcillo que me brinda “Digital Extremadura”. Se lo dedico a dos navarros  universales. Al ruiseñor Julián Gayarre y al virtuoso del violín Pablo Sarasate.  A la vez que fueron muy aficionados a las bellezas y emociones que encierra nuestra incomparable  Fiesta de los Toros.

   

Julián Gayarre, nació en el Roncal (Navarra) en l844, murió joven, en Madrid l89O. Debutó en Padua y alcanzó la consagración[U1]  al presentarse en la Scala de Milán en el l876 con “La favorita”. En l877 lo hizo en Londres y actuó en Madrid varias veces, donde fue un idolo.

 

Julian Gayarre siempre que su apretada agenda de actuaciones se lo permitía  y disponía de tiempo para ello, no dejaba de asistir a los toros. Era intimo amigo de Salvador Sánchez “Frascuelo”  entusiasta  y partidario del granadino.

 

 Frascuelo uno de los mejores toreros de la historia taurómaca, con su arrojo ante el toro y el róncales con su portentosa voz. Tuvieron enamorado a los públicos aficionados a estas dos actividades artísticas.  Se respetaban y admiraban mutuamente,

 

En l877 fue el año que no olvidan Julián y Salvador, porque en él se consagro Gayarre como cantante y Frascuelo sufrió una de las cogidas más graves, se inicia la amistad entre ambos, amistad que se mantuvo viva y leal, hasta la inesperada muerte del fenomenal tenor.

 

   Pablo Sarasate, el insigne violinista, hijo predilecto de Pamplona, sentía también por la Fiesta Nacional, un gran entusiasmo. Nació: Martin Melitón en Pamplona l844 y murió en Biarritz l9O8. Estudió en Madrid y Paris. En sus innumerables giras y conciertos fue comparado con los más grandes de su género. Compuso obras inspiradas en el folclore español.

 

    Su corazón caritativo y magnánimo latió en muchas ocasiones, emocionado en las plazas de toros. Y además  gustaba leer cosas de toros. Entre los lectores más asiduos de la revista, que se titulaba Sol y Sombra, se hallaba un amante de nuestra españolísima fiesta: Pablo Sarasate.

 


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