TIRAN MÁS DOS TETAS

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San Sebastián, al que procesionan en muchos pueblos extremeños amarrado al tronco de un árbol, semidesnudo y asaeteado en sus carnes, está a la vuelta de la esquina.  El próximo día 20 voltearán las campanas en su honor.  Hace ya un buen puñado de años, el paisano Antonio Casas Calle, al que todos apodaban “Solís”, era quinto y, después de “atendel la jacienda” (trabajos agropecuarios), se juntó con otros mozos y marcharon a peonza a celebrar la fiesta al pueblo de Aceituna.  Eran épocas en que, desde tiempo inmemorial, ciertos lugares habían establecido vínculos fraternos y solían renovar sus antiguas amistades en fechas señaladas, como las fiestas patronales.  Años en que las puertas se abrían de par en par y estaba siempre presente el generoso sentido de la hospitalidad propio de los medios rurales.  Mucha más humanidad y solidaridad que hoy en día.  Se repartía y se compartía lo que hubiera.

 

     Corría el vino y el aguardiente.  Los cohetes estampaban entre las nubes y el pueblo se llenaba de sonidos de flauta y tamboril.  Los forasteros se abrían como una granada a la hora de comer y cada cual acudía a las casas “andi había conocencia” (amistad del tiempo de los abuelos).  De madrugada, hecha la carga de morapio y medio afónicos de tanto “rejinchal” (jijear), si no había camas suficientes, buenas eran las pajas del corral.  Pero aquel año Antonio Casas no buscó cama.  Convenció a un par de quintos de su pueblo y, antes de asomar el día, emprendieron el camino de la villa de Hernán Pérez, que también festejaba a San Sebastián.  Antonio le había echado el ojo a una moza “conejera” (a los de Hernán Pérez se les moteja como “conejéruh”) en la feria de Montehermoso y por ella bebía los vientos.  “Y allá que moh juímuh -me relataba Ti Antoniu “Solíh” cuando ya iba entrado en años y andaba con sus muletas-. Pimpán, pimpán… pol ésuh cámpuh de la Juenti Tuna, de lah Péñah del Dragu, pa il a pasal el ríu Trálgah pol el vau de la Ihla y, aluegu, el caminu de Loh Lagárih y ya deréchuh a Hernán Peri.  ¡Eh que tiran máh doh tétah que cien carrétah!”  Con los brazos abiertos fueron recibidos en la casa de la moza.  Ya eran sabedores que los padres de Antonio tenían ciertos posibles y algunas “pérrah jórrah” (dinero contante y sonante) y no había que desperdiciar la ocasión.  De lo que pasó después, ya se contará cuando canten las ranas en las charcas.

 

     No sabemos si a Federico Trillo- Figueroa y Martínez-Conde, el hijo de don Federico Trillo-Figueroa y Vázquez (franquista compulsivo, militar de carrera, alcalde de Cartagena, procurador en Cortes y gobernador civil de Teruel y Burgos), le tiraron tanto dos buenos pechos como a nuestro amigo Antonio.  Ponemos muy en duda que este supernumerario del Opus Dei y abogado en la sombra de los acusados genoveses de la trama Gürtel corriera por retorcidos caminos serranos en busca de un flamante busto campesino.  Al gran entusiasta de la guerra de Irak  y de aquel “heroico” montaje del islote de Perejil (“al alba y con fuerte viento de levante”) ya los hados le tenían predestinada una mujer de su clase, doña María José Molinuevo Gil de Vergara, de la que se encuentra en la actualidad religiosamente separado.  Los virtuales dioses de los cielos juntaron al gran embustero del caso Yak-42 con una abogada de tan largos y altisonantes apellidos,  como los suyos.  Que sepamos, durante su estancia en el Reino Unido, donde fue nombrado embajador por razones políticas (no es diplomático de carrera) el 30 de marzo de 2012, no se prendó de otras “aristocráticas” tetas, por lo que no se corrió románticas aventuras al estilo de los señores de levita y de chistera.

 

     Ahora, este gris personaje, con más sombras que luces (cuentan que muchos de los suyos, gente del PP,  le temen porque sabe demasiado), se ha subido a los cerros de Úbeda y se ha salido por tangente, intentando justificar lo injustificable.  Su soberbia, con olor a rancio franquismo imperial, de cruzado ultracatólico, no admite que le hayan descabalgado del puesto de embajador porque las presiones habidas a causa de los nuevos dictámenes del Consejo de Estado acerca del accidente del Yak-42 no permitían más salida que la defenestración política.  Y se ha marchado sin pedir perdón a las víctimas.  Sus ínfulas imperiales, propias de la casta nacida en ricas cunas, es incapaz de asumir que alguien ponga en tela de juicio su infalibilidad.  La guinda en la tarta la ha puesto el ministro de Justicia del gobierno pepeísta: “La única víctima del Yak-42 ha sido el señor Trillo”.  ¡Hatajo de impresentables!

 

     Antonio Casas Calle se nos largó para no volver en los carámbanos del invierno.  Fue el mismo día que lo hacían las actrices Amparo Baró y Dora Prince (española y argentina, respectivamente).  Los curas recordaban en la misa a San Serrano y Santa Sabrina. El paisano ya se peinaba las muchas canas de sus ochenta y dos largas primaveras. Quien no sabemos cuándo se irá (también desconocemos nuestra ida) será don Ignacio López del Hierro, conocido empresario y que fuera gobernador civil de Toledo y Sevilla y subdelegado del Gobierno en Andalucía.  Más conocido por haber sido uncido por las téticas de María Dolores de Cospedal García, cuando ésta era madre soltera y tenía ya un hijo gracias a la fecundación “in vitro”.  Antes de ello, le tocó bregar con la anulación eclesiástica de su matrimonio con José Félix Valdivieso Bravo de Laguna, miembro de la aristocracia más casposa de las Islas Afortunadas. Hoy, la actual secretaria general del Partido Popular y Ministra de Defensa, está ojerosa porque a su querido Nacho la Policía Judicial le implica en el caso Pujol (“estructura societaria para delinquir”) y le relaciona con Alberto Portuondo, testaferro de Rodrigo Rato.  No gana para sustos aquella apuesta alumna que llegaría a ser nombrada “Miss Feria” de Albacete.  La misma que, siendo ya una pepera consumada, apareció en un mitin en Guadalajara con un pañuelo palestino enroscado en el cuello, clamando aquello de que el PP era “el partido de los trabajadores” (suenan carcajadas al fondo del escenario).  ¡Pero si el Partido de los Trabajadores de España fue refundado en 2009 y es de tendencia marxista-leninista!  ¡Ay si levantara la cabeza la agraciada Pina López Gay, la “Rosa Roja de la Transición” y cabeza amueblada y visible de la Joven Guardia Roja!

 

      Dolores Cospedal (lo “de Cospedal” se lo añadió ella en sus delirios de grandeza) quiso envolverse en belleza proletaria anudándose la palestina.  Pero para ello hay que tener percha, cuello de cisne e ideas rompedoras y revolucionarias, tal que esa musa que anda suelta y a quien el pañuelo palestino (símbolo de los pueblos subyugados por el imperialismo) la erige en la más bella guerrillera del mundo entero.  Dolores paseó la redondez de sus recatados pechos por la Universidad CEU-San Pablo, privada y católica, la que se encargó de nombrar “Doctor Honoris Causa” al Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, personaje ultraconservador, reaccionario y cuasi trabucaire.  O al neoliberal Mario Monti, director del lobby europeo ”Comisión Trllateral” y de otros engendros internacionales donde los poderosos se reparten la tarta del orbe.  O a los derechistas y ultracatólicos Vicente Palacio Atard o José Antonio Escudero López.  Nuestra musa del pañuelo palestino, en cambio, fue, más bien,  ”La Liberté raissonnée” (pintura de Cristina Lucas) por los pasillos universitarios donde la gente viene de generaciones curtidas por ábregos y soles; de pan, vino y tocino; de azuladas pizarras y ásperos berrocales.

 

     Que tiran más dos tetas que cien carretas es algo tan contante y tan sonante que nadie lo puede poner en duda.  Que se lo digan sino al que fuera nuestro ”bellotari” (arráez de la nao “Extremadura”) en la pasada legislatura, José Antonio Monago Terraza, del Partido Popular, cuando, con dinero de las arcas públicas, se sufragaba los viajes a Tenerife, para visitar a su amante, Olga María Henao.  Y  otras dos abundosas tetas (dicho sea políticamente y con todos los respetos) tiran enormemente del que ahora lleva la voz cantante en estas tierras del Oeste, donde ya la montanera toca a su fin, Guillermo Fernández Vara, del PSOE, que no sabe cómo decir más alto y más claro que a él le tiene camelado la “Sultana de Andalucía”, doña Susana Díaz Pacheco, a la que los socialistas con legitimidad de origen y de ejercicio no pueden ver ni en pintura.

 

     Mientras tanto, las Tetas (con mayúscula y así como suenan) de Irene Montero Gil, Rita Maestre Fernández y Teresa Rodríguez Rubio tirando como locas para confluir en algo común, entretejido y solidario, pese a tener toda la artillería de la caverna mediática disparando obuses HE de 155 milímetros.  Ellas insuflando valor a Sitting Bull (Toro Sentado), Crazy Horse (Caballo Loco) y Long Wolf (Lobo Largo), o sea, a Pablo Iglesias Turrión, Íñigo Errejón Galván y Miguel Urbán Crespo, para que sigan llamando al pan, pan; al vino, vino, y a las tetas, tetas.  Animándoles a que derrochen valor y, con sus “sans culottes”, guerrilleros de la antigua Iberia, hagan hocicar en el suelo al 7º de Caballería comandado por el general George Armstrong Custer, encarnación pura y dura del Trío de las Azores (más el comodín José Manuel Durao Barroso) y toda la inmundicia sociopolítica y socioeconómica que ellos representan.  Es decir, a todas las huestes de la derecha y al ala diestra de una izquierda que hace tiempo dejó de creer en ella misma, a los que jamás zancajearon por las trochas y carriles tras unas tetas firmes y jugosas, con tiesos pezones y morenas areolas.  Y yo, pobre de mí, cargando sin que me pesen mis filosofías libertarias, hago mío aquel poema que un día escuché de mis propios labios.  Va por ella:

 

                                                      Como un par de palomas en reposo,

                                                     tus dos teticas, tan hermosas,

                                                      prietas y dulcemente temblorosas,

                                                      pálido blancor y aire candoroso.

 

                                                        Mas si combate volvíase furioso,

                                                      candor se diluía en brasas ardorosas,

                                                      areolas se hacían parvas grandiosas

                                                      y era pezón pitón en aquel coso.

 

                                                        No vendrá Fortuna a franquear mi suerte,

                                                      dejándome atrapar mansas palomas

                                                      antes que otro las turbe y las despierte.

 

                                                        Miedo me da que vuelen a otras lomas,

                                                      y no otra cosa deseo que la muerte

                                                      si ella a otro da a libar sus ricas pomas.

                                               

                                                   

                     


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