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Colapsos, ahumadores y amenazas en Cáceres de los apicultores extremeños, abrumados por su futuro

Redacción DEx, Cáceres, 11 de febrero de 2026.

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La región hierve entre recortes, acuerdos comerciales y explotaciones al límite

Más de medio millar de agricultores, ganaderos y apicultores han paralizado este miércoles los accesos a Cáceres en una de las protestas más tensas del año, una tractorada que denuncia el acuerdo de Mercosur, los recortes de la PAC y una crisis estructural que lleva años desangrando al campo extremeño.
La movilización, convocada por Asaja Extremadura y respaldada por UPA-UCE, ha cristalizado en un grito colectivo: “Así no podemos seguir”.

Colapso en los accesos a Cáceres

La jornada arrancó con 166 camiones y furgonetas, 38 tractores y cientos de profesionales del sector primario repartidos en cuatro rotondas estratégicas que dan entrada a la capital cacereña.
Los cortes de tráfico fueron inevitables. La Policía garantizó el paso a ambulancias y vehículos de emergencia, pero la ciudad vivió una mañana de auténtico “bloqueo agrario”.

Hoy es un día triste para Extremadura”, lamentó el presidente de Asaja Extremadura, Ángel García Blanco, visiblemente afectado. Su mensaje, directo:

“Hoy queda un día menos para que se cierre otro pueblo en Extremadura. Hoy alguna explotación volverá a bajar la persiana”.

Señaló a la clase política como responsable del deterioro del campo y evocó una tradición que —dijo— “nos han ido arrebatando a muy bajo precio”.

La apicultura, al borde del abismo

Uno de los colectivos más combativos fue el de los apicultores. Ahumadores en mano, máscaras y trajes blancos convertidos en símbolo de desesperación, volvieron a clamar por un sector que lleva más de cinco años de agonía.

El secretario general de UPA-UCE Extremadura, Óscar Llanos, recordó que la Ley de la Cadena Alimentaria “no está haciendo efecto”:

“Los costes están por encima de lo que cobramos. Así no se puede producir. Así no se puede vivir”.

El presidente de la Asociación Cacereña de Apicultores, Paulino Marcos, aportó la cifra que heló la mañana:

“De la apicultura viven 1.500 familias solo en Extremadura. Y muchas están ya a punto de desaparecer”.

Enfermedades de las colmenas, bajadas drásticas de producción, combustible y materiales disparados, miel importada más barata y un mercado roto completan un cóctel que amenaza con llevarse por delante uno de los pilares del ecosistema extremeño.

De la marcha lenta al pulso final en la Subdelegación

Tras una marcha lenta desde las rotondas hasta la plaza de América, los manifestantes continuaron su ruta hacia la Subdelegación del Gobierno, donde el ambiente se caldeó.
Se escucharon cánticos, pitidos y, entre la tensión, la advertencia repetida en las últimas semanas:

“Si hace falta, lanzamos huevos”.

Finalmente, no llegaron a hacerlo, pero el mensaje quedó claro:
el sector no piensa bajar los brazos.

LUPA DEx 

La herida abierta de los apicultores extremeños

La protesta de hoy no es un episodio aislado: la apicultura extremeña vive su peor momento del siglo. Lo dicen los números, los apicultores y los pueblos que dependen de ellos.

  • Producciones desplomadas durante cinco campañas consecutivas.
  • Enfermedades que diezman colmenas sin que lleguen ayudas suficientes.
  • Miel importada a precios imposibles de competir.
  • Jóvenes que ya no ven futuro en un oficio que antes garantizaba vida y orgullo rural.

Mientras tanto, 1.500 familias resisten entre deudas, abandono institucional y un clima que cada año se vuelve más hostil.

Lo ocurrido hoy en Cáceres no es solo una protesta más:
es el grito de un sector que se está quedando sin tiempo, sin precios justos y sin un horizonte mínimo de viabilidad.

Extremadura escucha. ¿Escuchará Madrid?