Darse de bruces con la realidad

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En uno de los episodios de una famosa serie de Netflix sucede que cuando ya parece que
el mafioso y asesino va a terminar en la cárcel, confesados sus crímenes, en el último
minuto un policía corrupto, incardinado en el sistema y a sueldo de él, le da la solución
para salir indemne: ofrecer un acuerdo al jefe máximo, incompetente entre otros
incompetentes…

El pesimismo es obvio ante la moraleja. Viene a decir que la corrupción es congénita en
una estructura, y que siempre hay una pieza o situación contaminada que pueden
desbaratar la justicia de cualquier decisión. Y que para la opinión general esto es así. Por
el medio, el resto de los personajes discurren entre el desconcierto que les provoca
conocer la verdad y el no poder hacer nada para que triunfe, al darse una y otra vez de
bruces contra los inconvenientes del camino y el no poder fiarse de ningún compañero.

Explica Felipe Gonzalez en una entrevista, que su cerebro siempre se activa en forma de
respuesta, cuando lee una información importante. Es el precio por haber ostentado el
poder, el “imprime carácter” que a mí me auguró una vieja mandataria con muchos
trienios de mando a sus espaldas. “Me gustaría salir ahí -me dijo- y criticarte más (yo no
era santo de su devoción) pero he estado en tu puesto y sé lo que eso significa”.

Un día cualquiera, en el que yo subrayé una frase de la escritora norteamericana con
ascendencia india, Avni Doshi, sobre que no se puede definir a las mujeres (ni a los
hombres, añado yo) simplemente a través de la universalidad porque todas no somos
iguales, otra mujer vino rauda a contestarme que en efecto no somos iguales pero si
tenemos problemas comunes. Lo cual pareciera conducir a una cierta solidaridad entre
féminas, por el mero hecho de serlo.

Yo dudo mucho de la premisa, así a palo seco. ¿Porque cuáles son esos problemas
comunes y cuál es su naturaleza?. ¿Se engloban en ellos los actuales que sufren los
elementos pertenecientes al mismo género o son todos los que tuvieron otras mujeres
anteriores en el tiempo a nosotras?, es decir, ¿computan como comunes todos aquellos
que todas podemos tener o únicamente los que realmente tenemos, aquí y ahora?
Lo que digo no es baladí puesto que ¿si a las mujeres nos relacionan solo los problemas
comunes que tenemos, en el caso de que una mujer tenga un problema no común, la
hermandad del resto de mujeres debe ayudarla o ya no tiene ninguna obligación de
hacerlo, como de hecho ocurre? O dicho de otro modo, ¿cuando debe existir la
solidaridad entre mujeres? ¿siempre, o solo en el caso de aparezca uno de esos
problemas comunes?. ¿Y para el resto?¿Ya no es mujer?.

Supongo que me muevo en un terreno pantanoso, en el que si no se lleva cuidado se
pueden hundir primero los pies y luego todo el cuerpo, sin remedio. Me refiero al territorio
de la solidaridad, circunscrita o no al universo femenino, si es que éste existiera de forma
netamente específica. En el fondo, todos somos como pequeñas aves, buscando alzar el
vuelo…O mantenerlo.


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