Inclusión y sensibilización en Extremadura : Así es enfrentarse a un desayuno sin ver: la experiencia que está cambiando la percepción sobre la discapacidad visual.
Redacción DEx, 20 de abril de 2026.
No es un gesto simbólico. Es un ejercicio real. La ONCE ha puesto a prueba este lunes en Don Benito a responsables institucionales con una experiencia tan sencilla como reveladora: desayunar a ciegas. Una iniciativa que transforma lo cotidiano en una lección directa sobre empatía, autonomía y barreras invisibles.
Un desayuno que cambia la mirada
En el hotel Tierra de Don Benito, lo que parecía una actividad protocolaria se convirtió en una inmersión sensorial. Antifaz puesto, silencio inicial y una sensación compartida: la incertidumbre.
Los asistentes, entre ellos representantes políticos y sociales, tuvieron que aprender a orientarse sin el sentido que más usamos. Localizar una taza, distinguir un plato o simplemente no derramar el café se convirtió en un pequeño reto.
Ahí entró en juego la pedagogía de la experiencia.
Técnicas para orientarse en la oscuridad

“Colocar la mano en forma de garra y arrastrarla suavemente por la mesa permite localizar los objetos sin perder la referencia”, explicó.
Un gesto simple que, sin embargo, encierra una adaptación cotidiana para miles de personas con discapacidad visual.
Más allá de lo físico: la barrera social
Pero el verdadero impacto no estuvo solo en lo material. La ausencia de visión altera algo más profundo: la interacción humana.
Venancio Ortiz, lo resumió con precisión:
“No saber quién está sentado contigo genera una sensación de desconexión inicial que condiciona la relación”.
Ese instante de desubicación, compartido por todos los participantes, dibujó una realidad que muchas veces pasa desapercibida.
LUPA DEx
Empatía que interpela a las instituciones
Este tipo de iniciativas no buscan únicamente sensibilizar a nivel individual. Tienen una lectura política y social evidente: trasladar la experiencia a quienes diseñan políticas públicas.
Porque comprender no es lo mismo que vivirlo. Y solo desde esa vivencia directa se pueden impulsar medidas más ajustadas a la realidad de las personas con discapacidad.
La ONCE, con este formato, logra algo poco frecuente: convertir una actividad simbólica en una herramienta efectiva de concienciación institucional.
Una lección que va más allá del evento
El desayuno a ciegas no termina cuando se retiran los antifaces. Deja una huella. Obliga a replantearse entornos, accesibilidad y hábitos.
En una sociedad donde lo visual domina, experiencias como esta evidencian la necesidad de avanzar hacia modelos más inclusivos, donde la autonomía no dependa de una capacidad concreta.
CIERRE
A veces, para ver mejor, hay que cerrar los ojos. Don Benito ha sido hoy el escenario de una lección silenciosa pero contundente: la inclusión no se declama, se practica. Y entender al otro empieza, muchas veces, por atreverse a sentir lo que vive cada día.






