EDITORIAL DEx de Domingo: Una semana de huelgas, campo herido y política al borde del colapso

 

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Extremadura cierra una de las semanas más tensas de los últimos meses. Sanidad en pie de guerra, agricultores exhaustos por el golpe que puede suponer el acuerdo comercial con Mercosur y una clase política incapaz de ofrecer estabilidad, con la investidura de María Guardiola pendiendo de un hilo mientras Vox —liderado en la región por Óscar Fernández— mantiene el pulso. Un cóctel que revela una región que resiste… pero que empieza a perder la paciencia.

Sanidad: la huelga que ya no avisa, grita

Los médicos extremeños han dicho basta. La huelga expone lo que muchos llevan años denunciando: un sistema sanitario exhausto, plantillas al límite, falta de especialistas y una Atención Primaria que no puede con más carga.

Nada nuevo, sí. Pero esta vez hay un matiz: el conflicto ha dejado de ser sectorial para convertirse en un termómetro social.
La ciudadanía percibe que el deterioro es real, que la respuesta institucional no llega y que la administración se mueve más por inercia que por estrategia.

Extremadura necesita una sanidad respetada y sostenible. Hoy no tiene ninguna de las dos.

El campo, otra vez solo ante el peligro

El acuerdo de la UE con Mercosur vuelve a poner en jaque a los agricultores extremeños. No es un problema ideológico, es estructural:
Extremadura no puede competir con productos que llegan desde miles de kilómetros sin cumplir los mismos estándares medioambientales, laborales y de calidad que se exigen aquí.

Las consecuencias son claras:

  • Precios aún más bajos
  • Menos margen para el agricultor
  • Mayor dependencia de ayudas
  • Riesgo real de abandono de explotaciones
  • Y un desánimo creciente entre quienes sostienen la economía rural

El campo extremeño no pide privilegios, pide competencia justa. Pero Bruselas vuelve a ponerlo contra las cuerdas.

Política: bloqueo, silencios y un Parlamento paralizado

Extremadura sigue atrapada en una parálisis que ya roza lo irresponsable. Las negociaciones PP–Vox están rotas, el PSOE sigue sumido en su laberinto interno y Unidas por Extremadura aparece como la única fuerza que articula un discurso coherente.

Los populares no logran cerrar la investidura. Vox presiona para entrar en el gobierno. Y el Parlamento observa cómo se acumula el polvo sobre la mesa de la gobernabilidad.

Mientras tanto, la sensación ciudadana es contundente: “No estamos para juegos.”

La consecuencia de este bloqueo no es abstracta: No hay presupuestos nuevos, no hay hoja de ruta y no hay capacidad para afrontar problemas que ya queman —sanidad, campo, empleo, infraestructuras—.

Extremadura no puede seguir así. Y el tiempo político se agota.

Conclusión: una región que aguanta, pero que empieza a cansarse

Huelga médica. Campo en tensión máxima. Clase política en punto muerto.

Extremadura afronta una semana que resumen bien su dilema actual: mucho que reclamar, poco que celebrar y demasiado que perder si la inacción continúa.

La región necesita certezas. Necesita acuerdos. Necesita liderazgo.

Y, sobre todo, necesita que quienes se sientan en los escaños recuerden que su obligación no es ganar pulsos partidistas… sino gobernar la vida real de la gente.