Editorial DEx, Extremadura, seis de enero de 2026
La política, cuando se convierte en un ring, deja de ser política. Y Extremadura, una tierra que lleva días peleando contra la lluvia, los cortes de carreteras, las evacuaciones y el miedo del agua desbordada, no está para más numeritos de despacho ni para testosterona parlamentaria. Sin embargo, ahí siguen PP y Vox, en un combate de sombras chinescas que ya suena a mala serie repetida.
Mientras cientos de familias se jugaban esta semana su seguridad y sus casas —mientras los tractores abrían paso entre balsas de agua, y Protección Civil encadenaba turnos imposibles—, aquí ardían las redes sociales con insultos, coletillas y categóricos “la culpa es del otro”.
Y Extremadura, con el agua por la cintura, mirando.
PP y Vox: del pacto imposible al teatro bufo
El secretario general del PP, Abel Bautista, disparó en ráfaga: “matones de la clase”, “adolescentes políticos”, “mercadear con Extremadura”. Un diagnóstico de hastío que refleja lo que ya percibe hasta el último votante. Bautista sostiene que el PP ha aceptado “el 93,33%” de lo que Vox propone y que aun así no hay manera. Que si un email enviado, que si documentación adjunta, que si la agenda “24 horas” de Guardiola frente al “llámame tú” de Vox.
Al otro lado, Óscar Fernández Calle mantiene su obtuso y repetitivo “no es no”: “No hay acuerdo en nada. El problema es todo”. “La pelota está en el tejado de la señora Guardiola”.
La región, la gran olvidada
El dato que debería haber eclipsado cualquier discusión es este: más de 900 personas evacuadas. La realidad meteorológica, social y emocional de Extremadura es seria. Los ríos suben, las carreteras caen, las presas preocupan. Y los extremeños no pueden ser peones de una guerra de postureo.
Extremadura no es moneda de cambio
Extremadura no es un botín electoral ni un cuadrilátero para ver quién grita más fuerte. No es sensato que en medio de alertas, evacuaciones, carreteras cortadas y familias angustiadas, los líderes políticos dediquen más energía a ajustar cuentas en redes sociales que a coordinar un proyecto de región.
Extremadura lleva años reclamando una sola cosa: ser tomada en serio.
Extremadura volverá a levantarse. Los políticos, ya veremos.
Mientras ellos se tiran los trastos, la ciudadanía hace lo que siempre ha hecho: ayudar al vecino, limpiar lo que el agua se llevó, remontar.
La política puede esperar. Extremadura, no.






