EL CONGRESO NACIONAL DE RIEGOS Y DRENAJES

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La XXXVII edición del Congreso Nacional de Riegos y Drenajes ha tenido lugar los días 4 a 6 de junio. En esta ocasión la Asociación Española de Riegos y Drenajes (AERYD) ha elegido como sede del congreso la Comunidad de Extremadura, dentro de ella la ciudad de Don Benito y como marco del congreso las excelentes instalaciones del Centro Tecnológico de FEVAL.

La Junta de Extremadura por medio de la Secretaría General de Desarrollo Rural y la alcaldía de Don Benito, se han volcado para ofrecer lo mejor a los congresistas. Han colaborado también las federaciones de regantes FERGUADIANA y FERTAJO, la Confederación Hidrográfica del Guadiana y las empresas públicas Tragsa y SEIASA de extensas trayectorias en el mundo del regadío, así como el Ministerio de Agricultura a través de la Subdirección General de Regadíos. Entre todos y con la ayuda de las empresas y entidades patrocinadoras han conseguido que el Congreso haya sido un éxito.

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Ha habido un alto nivel tanto en número de participantes como en la calidad de las ponencias y trabajos presentados. Creo que la AERYD puede sentirse satisfecha del resultado.

He podido constatar durante el congreso que en el mundo del regadío hay mucha preocupación. Fundamentalmente porque la principal norma europea que regula la utilización del agua, la Directiva Marco del Agua (DMA), está diseñada desde un punto de vista casi exclusivamente ambiental y deja de lado el objetivo de la satisfacción de las demandas de los diferentes usos. No ha de olvidarse que el regadío es el uso que más agua utiliza. En España en torno al 70 % de los recursos hídricos son aplicados al riego.

Las perspectivas de que la actual revisión de la DMA tenga en cuenta los intereses de los regantes no parecen muy halagüeñas. Ni siquiera para que no se les impongan nuevos costes ambientales, teniendo en cuenta que los regadíos son importantes sumideros de CO2. Va a seguir predominando la componente ambiental. Tal vez porque los lobbies ecologistas en Europa tienen bastante más fuerza que los regantes. Pudiera ser una de las causas.

Otra de ellas es que la DMA está redactada para unas condiciones ecológicas y climáticas del centro y norte de Europa muy distintas de las que se dan en la franja mediterránea de la Unión Europea. Desde España no hemos sido capaces de hacer ver a las autoridades comunitarias cómo son las especiales condiciones de nuestro clima que hacen imprescindibles los regadíos y las estructuras de regulación para almacenar agua.

Por otra parte los regantes tendrán que hacer frente a los efectos del cambio climático, que ya reconoce la mayor parte de la comunidad científica mundial y que afectarán sensiblemente a las zonas regables, si no se toman a tiempo las medidas de mitigación y adaptación necesarias para reducir sus efectos.

Estos serán: una disminución de la pluviometría y de las aportaciones de agua y en consecuencia una menor disponibilidad de recursos hídricos; un aumento de las necesidades de agua de los cultivos al elevarse la Evapotranspiración a consecuencia de la subida de la temperatura y por último un incremento de los fenómenos extremos: precipitaciones de alta intensidad (inundaciones) y sequías.

Ante este panorama las Comunidades de Regantes hace años que iniciaron actuaciones tendentes a la modernización de sus zonas regables, con vistas a mejorar la eficiencia del riego. Se ha producido un incremento de la instalación de riegos de alta eficiencia (goteo) de modo que hoy día Extremadura que estaba por debajo de la media española de este tipo de riego ya está por encima de ella. Esto indica la voluntad de los regantes por gastar menos agua, conscientes de que sus regadíos han de ser sostenibles desde el punto de vista del uso del recurso. La modernización ha supuesto un fuerte desembolso económico para ellos, aunque haya habido ayudas de las administraciones o de fondos europeos.

También se han realizado esfuerzos importantes desde las administraciones. Como ejemplo el programa SIAR del Ministerio de Agricultura o el REDAREX de la Junta de Extremadura, asociado al anterior, que permiten que el regante conozca en tiempo real las necesidades de riegos de sus cultivos con la mayor exactitud posible, para adaptar a ellas sus dotaciones de agua. También programas como RECAREX de la Junta de Extremadura permiten un seguimiento de la calidad del agua de nuestros regadíos con vistas a controlar la contaminación puntual o difusa.

La DMA y los efectos del Cambio Climático son en mi opinión las dos cuestiones que hoy preocupan más a los regantes. Sobre todo porque habría que estar diseñando ya nuevas obras de regulación para hacerles frente, cuestión que no se avizora al menos a corto plazo.

Pero hay una tercera preocupación: los precios de buena parte de los productos se encuentran en niveles de hace 30 años. Los inputs para obtenerlos han evolucionado mucho más al alza. Hasta ahora se han salvado los muebles por los incrementos de producción que los agricultores ha sido capaces de obtener. Pero se está llegando al límite. Y a partir de aquí ¿qué pasará?

En fin confiemos en que se vayan resolviendo todos estos problemas para que el regadío, que en España es la base de nuestra agricultura, siga contribuyendo a generar rentas y empleo en las zonas rurales y fijar población en el territorio de modo que el interior de España detenga su proceso de despoblamiento.


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