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En Extremadura, las trabajadoras del hogar y los cuidados se resisten al trabajo de interna

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En el Día Internacional de la Trabajadora del Hogar y los Cuidados,
presentarán el diagnóstico postpandemia: Yo, mujer migrante en
Extremadura que evidencia el nivel de precarización y violación a los
derechos laborales.
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En 2020, Eliza (nombre ficticio) trabajaba en los cuidados en el régimen de
interna en Mérida con condiciones poco justas: sin contrato, sin estar dada
de alta, librando cada 15 días, sin salidas diarias y por una paga de 900
euros, pero estaba llegando a España y tenía una deuda que pagar en
Honduras.

“Aguaté año y medio. Era insoportable el encierro y con la pandemia, era
insoportable el trabajo por el maltrato y lo mal agradecida que son esas
personas”, dice una tarde de primavera mientras comenta que está
buscando trabajo como externa porque las horas que hace no ajustan.
Gana 450 euros al mes de los cuales 375 se van en renta.

Su experiencia esta recogida en el diagnóstico situacional postpandemia:
Yo, mujer migrante en Extremadura que ha realizado el Movimiento de
Mujeres Migrantes con el apoyo de Alianza por la Solidaridad y el
financiamiento de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo, y que
presentarán este 30 de marzo: Día de la Trabajadora del Hogar y los
Cuidados.

El informe revela que en 2020, previo a la pandemia, un 45% de las
mujeres migrantes que trabajan en los cuidados lo hacían en el régimen
de “interna”, sin embargo, en 2022 postpandemia este porcentaje ha
disminuido hasta un 27.5% de mujeres en el sector de los cuidados.

“Consideramos que uno de los resultados más importantes del informe es
la disminución en el trabajo de los cuidados en el régimen de interna. Hay
un rechazo a este régimen que es explotador, esclavista, que no tiene
limites en el oficio, pero además está muy, pero muy mal pagado y en la
privacidad de los hogares las mujeres sufren diferentes tipos de violencia,
incluyendo acoso sexual”, explica Maryórit Guevara, presidenta del
Movimiento de Mujeres Migrantes y coordinadora del informe.

Esta resistencia al régimen de interna en el hogar y los cuidados representa
un incremento en el trabajo en el régimen de externa en 2022 con
45% frente a un 25% en 2020; por horas en 2022 con 17.5%
frente a 12.5 en 2020; y en situación de desempleo en 2022 con
10% frente a 17% en 2020.

Un total de 66 mujeres migrantes residentes en Extremadura han
participado en el informe que recoge datos impactantes referente al salario
que las mujeres migrantes están recibiendo en el régimen de interna
desde 600 euros mensuales y el pago por hora a seis euros.

“Si bien las condiciones que se ofrecen dan ganas de llorar es importante
mencionar el acto de resistencia de las mujeres migrantes a estas
condiciones laborales indignas. Y eso se refleja en la disminución de
mujeres trabajando en el régimen de interna porque no solo es vivir
maltratada, mal pagada sino que este régimen – machaca – la dignidad de
las mujeres”, explicó Guevara.

La consigna es: “Abolir el régimen de interna”

Este jueves, hasta Mérida llegarán las integrantes de la Asociación de
Empleadas del Hogar, los Cuidados y Limpieza de Cáceres para acompañar
y comentar la presentación del diagnóstico, pero además junto al
Movimiento de Mujeres Migrantes dar lectura al manifiesto que han
preparado para este 30 de marzo Día Internacional de la
Trabajadora del Hogar y los cuidados, que eleva la consigna de “abolir
el trabajo de interna”.

“Es un trabajo que nos condena a la ignominia; a no tener privacidad; a
sufrir trastornos de todo, por eso nosotras exigimos la erradicación del
trabajo de internas, que nosotras podamos tener una jornada de 8 horas,
que se reformule la Ley de Dependencia”, explica Karla Chavarría,
presidenta de la Asociación de Empleadas del Hogar, los Cuidados y
Limpieza de Cáceres

Las jornadas de hasta 70 horas mensuales, las decadentes condiciones
laborales, los malos tratos y hasta el acoso sexual que algunas mujeres
viven, hacen que este régimen de interna sea calificado como “la esclavitud
moderna”, en especial debido a la inviolabilidad de los domicilios que no
permite realizar inspecciones laborales haciendo que “entre esas cuatro
paredes las mujeres suframos todo tipo de vejámenes pro la necesidad de
trabajar”, dice Chavarría


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