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Extremadura en el alambre, con PP y Vox jugando a la ruleta mientras la región espera gobierno

Paco de Borja, Extremadura, 10 de febrero de 2026. 

La negociación entre PP y Vox en Extremadura continúa empantanada mientras la ciudadanía sigue sin respuestas. El bloqueo se agrava tras el resultado electoral en Aragón, donde la ultraderecha también es clave para la gobernabilidad. Ni María Guardiola ni Vox parecen dispuestos a ceder, y la región vuelve a caminar por el borde del precipicio institucional.

Y mientras,  PP y Vox se enredan en un pulso de tacticismo, silencios y correos pendientes de respuesta. La lectura que llega desde Mérida tiene un denominador común: dos partidos que dicen escuchar a los ciudadanos, pero que en la práctica llevan semanas escuchándose solo a sí mismos.

La presidenta en funciones, María Guardiola ha verbalizado una idea que, sobre el papel, suena impecable: responsabilidad, sensatez, estabilidad. Pero en la práctica, Extremadura continúa sin un acuerdo político, sin presupuestos y sin horizonte claro. Lo que hay es una negociación bloqueada y una ciudadanía exhausta.

Guardiola insiste en que el PP ha actuado con “absoluta responsabilidad” tanto en Extremadura como en Aragón. Pero la realidad es más tozuda:

  • Hubo un adelanto electoral por falta de apoyos.

  • Hubo un choque frontal con Vox que acabó siendo previsible.

  • Y ahora hay un bloqueo que amenaza con eternizarse.

Llamar “herramienta democrática” al adelanto electoral es correcto; convertirlo en excusa permanente para justificar la parálisis ya no lo es. Detrás del 43,2% de apoyo del electorado extremeño no había un cheque en blanco: había un mandato claro para gobernar, no para dilatar.

Las declaraciones de Guardiola señalando que Vox debe decidir si quiere “ser muleta del PSOE o ponerse a trabajar” pueden tener impacto mediático, pero no resuelven lo esencial:

Extremadura no necesita reproches cruzados. Necesita un acuerdo. O, al menos, una posición clara.

Mientras tanto, desde las filas de Vox se mantienen las exigencias y los silencios estratégicos. Exigen puestos, sillas, estructura. Pero no verbalizan con la misma precisión las medidas concretas que quieren para esta tierra. No han explicado qué significa exactamente “remangarse”.

La negociación está, según el propio PP, “hecha en un 90%”, pero el 10% restante —el del reparto de poder— es el que mantiene a Extremadura sin gobierno sólido y sin hoja de ruta.

Tras las elecciones en Aragón, el mapa es similar:

  • Un PP ganador sin mayoría suficiente.

  • Vox como fuerza decisiva.

  • Un clima político inflamado.

  • Y una sociedad que empieza a cansarse de la política de regate.

Si en Extremadura Guardiola pide sensatez, en Aragón Azcón hace malabares. Y ambos escenarios comparten un elemento esencial: el PP necesita a Vox, pero Vox quiere demostrar que sin él no se mueve ni un papel.

Lo que debería ser un acuerdo programático se ha convertido en un concurso de resistencia. Una irresponsabilidad compartida.

Guardiola afirma que no desea otra convocatoria electoral. Perfecto. Pero la voluntad se demuestra con hechos:

  • Firmar acuerdos.

  • Desbloquear presupuestos.

  • Atender a la situación económica y meteorológica crítica que vive la región.

A día de hoy, Extremadura no ve ni eso ni su sombra.

Si la repetición electoral aparece en el horizonte, será porque PP y Vox han convertido esta negociación en un pulso de poder, no en un ejercicio de servicio público. Y será, además, un fracaso que ambas formaciones tendrán que explicar frente a 1,06 millones de extremeños.

El mensaje político de estos días deja una sensación amarga: Mientras PP y Vox se miran el ombligo, Extremadura sigue mirando al cielo: por las lluvias, por las emergencias, por los campos anegados, por los pueblos aislados, por las empresas que esperan planes, por los sanitarios que reclaman medios, por los jóvenes que huyen.

Un gobierno “fuerte, estable y serio” —como dice Guardiola— no nace de comunicados, ni de frases grandilocuentes, ni de porcentajes repetidos. Nace de responsabilidad verdadera. Y hasta ahora, ni PP ni Vox han estado a la altura de esa palabra. Extremadura no puede esperar más. Ni debe. Porque está en juego no ya el poder, sino el futuro mismo de una región que ya ha tenido demasiadas veces que escuchar eso de “mañana empezamos a trabajar”.

Por último, si la estrategia es seguir dilatando  acuerdos a la espera de las próximas elecciones en Castila la Mancha o Castilla León, las de Andalucía quedan más lejos, serán Feijóo y Abascal los que realmente decidan el futuro político de Extremadura. Lo cual no deja de ser una boutade, un sarcasmo y una derrota vil en contra lo deseos,  la personalidad y los intereses del pueblo extremeño. Y hasta ahí podríamos llegar..y aguantar.