Feliz y Santo Año nuevo 2021

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Ya nos acercamos al final de la octava de navidad. Ahora mismo las calles siguen llenas de luces, y los negocios que están logrando subsistir continúan lanzando sus mejores promociones navideñas. Las casas decoradas, las cenas copiosas aunque no tan familiares este año… Qué importante es mantener la cabeza centrada en medio de todo esto.

No quiero decir que todo esto sea malo; de hecho, a mí personalmente me encanta romper con la monotonía y la rutina, pero esto no puede ser un “porque sí”, sino que la celebración ha de estar entroncada en un motivo profundísimo. Y ¿qué puede ser más grande que el nacimiento del Salvador? En este sentido me maravilla que el mundo se vista de gala por el nacimiento del hijo de Dios.

El problema es que ese no sea el motivo. Evidentemente, el sentido último de todo ello no va a ser siempre y en todo el mundo la vivencia del nacimiento de Dios, pues ante todo debemos conocer con realismo el mundo en el que vivimos. Pero el creyente, aquel que de verdad ama al Señor, ha de ser como decía el cura de Ars: “al hombre de Dios todo le sirve para bien”.

Los cristianos hemos de llevar en el interior el verdadero gozo de esta venida, y una vez que vivimos de veras en nuestro corazón la fiesta de la Navidad, la Natividad de Jesús, es cuando sonreímos al ver los miles de colores que iluminan nuestros pueblos y ciudades, los adornos de las casas, etc. Son ayudas para que nos demos cuenta de lo que está ocurriendo.

Lo triste y desgraciadamente lo más frecuente es dejarse arrastrar por el mundo, adormecerse en la pasividad, dejarse llevar por la corriente. Esto no es otra cosa que salir de casa, ver las luces y sonreír sin más. Parece inocentón e incluso bueno estar alegre en esta etapa del año, descansar, aprovechar las vacaciones… Pero así, sin más. ¿Por qué? Porque es lo que toca, lo que está impuesto. De este modo lo que parecía escapar de la rutina y la monotonía, si no es por un motivo personal y profundo, se convierte en un pesado yugo de la sociedad.

Ya comenzado el nuevo año tenemos reciente la Nochevieja, que nos puede enseñar muy concretamente en qué consiste la fiesta rutinaria y vacía enfrentada contra la celebración desde la propia vida, llena de sentido, de alegría y propósito verdadero. Por un lado tenemos a cualquier persona que se encuentra cautiva por la mundanidad. Para ella Nochevieja probablemente sea sinónimo de fiesta, alcohol, diversión, trasnochar… Y ¿por qué no? Ya que termina un año horrible, brindar con desprecio pues ya llegó su fin.

Por otro lado, está quien tiene su vida bien centrada en Cristo. No quiero decir que estos sean mejores que los otros, pero puedo asegurar que la paz y felicidad que guardan en el corazón perduran mucho más allá de la sola festividad; de hecho, podría decirse que una buena disposición en la fiesta de Nochevieja podría mantenerse durante todo el siguiente año.

¿Qué disposición es esta? Pues siempre y ante todo la acción de gracias a Dios. Cada segundo de nuestras vidas es un regalo venido de Él, y todo en lo que nosotros solo podemos ver oscuridad, Él lo ha escogido cuidadosamente para nuestro crecimiento, nuestra santidad. 2020 seguramente no haya sido el mejor de los años, pero desde luego no deja de ser un regalo, y además uno perfecto a la hora de valorar el que ahora comenzamos.

Que vivamos cada día en esta confianza en el Señor y en ese agradecimiento, sabiendo ver en todo la bondad de Dios, su amor de Padre. Feliz y santo año 2021; un saludo, el Escriba


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