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Ibarra tachará de las listas a los diputados extremeños que apoyen en el Parlamento una financiación especial para Cataluña

R. DEx, 9 de enero de 2025.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra, expresidente de la Junta de Extremadura durante casi un cuarto de siglo, ha reaparecido en el debate político con un mensaje tan incómodo como contundente para su propio partido.

En una entrevista emitida en Canal Sur Televisión, el histórico dirigente socialista se ha mostrado frontalmente contrario al nuevo modelo de financiación autonómica que prepara el Gobierno central y que, por primera vez, incorporaría el principio de ordinalidad, un criterio que, a su juicio, penaliza de forma directa a comunidades menos ricas como Extremadura.

El veterano socialista no ha ocultado su malestar ante la posibilidad de una financiación singular para Cataluña, avanzada por el líder de ERC, Oriol Junqueras, quien habló de un acuerdo con el Ejecutivo de Pedro Sánchez para transferir 4.500 millones de euros y aplicar ese principio de ordinalidad.

Un anuncio previo a la presentación oficial del sistema por parte de la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en un contexto marcado por más de una década de prórrogas del modelo vigente.

Rodríguez Ibarra fue especialmente duro al referirse a lo que considera una cesión política incompatible con la igualdad entre territorios. Afirmó que seguirá votando al PSOE, pero que tachará de las listas a los diputados extremeños que apoyen en el Parlamento una financiación especial para Cataluña, después de “cuarenta años votando lo contrario”. Una advertencia que trasciende lo simbólico y apunta directamente a la disciplina interna del partido y a la relación entre la militancia histórica y la actual dirección socialista.

En la conversación, conducida por el periodista Ignacio de Camacho en el programa de Canal Sur, Ibarra insistió en que una financiación “singular” deja de ser solidaria por definición. Recordó que Cataluña y el País Vasco han acumulado privilegios históricos desde el siglo XIX y rechazó el argumento de que el territorio catalán sea el más necesitado del país. “Los ricos dicen que necesitan una financiación especial y nadie explica por qué; los demás, al vagón de cola”, resumió con crudeza.

El expresidente extremeño fue más allá al situar el debate en el terreno ético y político. A su juicio, mercadear con la igualdad de los ciudadanos por supervivencia parlamentaria obliga a alzar la voz desde dentro del propio PSOE. Una crítica que enlazó con el desplome electoral del socialismo extremeño en las autonómicas, donde pasó de 28 a 18 escaños. Para Ibarra, el castigo de las urnas responde más a las decisiones del Gobierno central que a la figura del candidato regional, Miguel Ángel Gallardo.

El dirigente histórico también vinculó el descontento social al auge de la extrema derecha, con el crecimiento de Vox en Extremadura, y señaló como responsables tanto al PSOE como al PP por no ser capaces de generar armonía política. Criticó además los pactos con fuerzas como Bildu y Junts, que, a su entender, han tenido un coste electoral evidente.

Pese a la dureza de sus palabras, Rodríguez Ibarra quiso marcar una línea clara entre la crítica y la ruptura. Aseguró no estar contra Pedro Sánchez como persona, sino contra determinadas políticas, y rechazó especular sobre un relevo en el liderazgo socialista. Un matiz que no rebaja la profundidad de su mensaje: para el expresidente, perder unas elecciones es asumible; perder la dignidad política, no.

Lupa DEx

La intervención de Rodríguez Ibarra no es una simple opinión personal, sino el síntoma de una grieta profunda dentro del socialismo territorial. Su discurso conecta con una parte del electorado que percibe la financiación autonómica como un intercambio desigual y sitúa a Extremadura ante un dilema clásico: estabilidad política frente a igualdad entre territorios. En un momento de alta fragmentación parlamentaria, la voz del histórico dirigente actúa como aviso interno y como termómetro del malestar que puede seguir creciendo si el nuevo modelo no logra un consenso real.