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Inés Arrimadas, Ciudadanos, propone listas con el PP para Cataluña, Galicia y Euskadi

Inés Arrimadas, Ciudadanos, propone listas con el PP para Cataluña, Galicia y Euskadi

La portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas, va a proponer a los órganos de su partido que la formación naranja cierre acuerdos “transversales” con otras fuerzas “constitucionalistas” para concurrir juntos en las elecciones autonómicas de Cataluña, el País Vasco y Galicia. Cuando Arrimadas habla de fuerzas constitucionalistas se refiere al PP y a alguna fuerza regionalista no nacionalista, lo que implica que su intención es seguir centrando toda su estrategia en el conflicto territorial y en el eje derecha-izquierda, en la polarización que deja a su partido con muy pocas opciones de encontrar y ampliar un espacio propio. En definitiva, este podría ser el primer paso para que el partido naranja, o al menos Arrimadas y el sector que ella representa, acaben desintegrándose en las filas populares.

La portavoz de Cs, sin embargo lo niega. Arrimadas ha ofrecido una rueda de prensa en el Congreso en la que ha puesto el énfasis en recalcar que defiende “acuerdos transversales” con carácter “excepcional” por cuanto estos tres territorios afrontan periodos “excepcionales” en circunstancias “excepcionales”, aunque con denominador común: el nacionalismo o la amenaza del nacionalismo. Su intención es que este asunto se pueda “debatir y decidir” en una reunión de la dirección del partido que tendrá lugar la semana que viene. Arrimadas ha llegado incluso a acuñar un posible nombre para esas candidaturas: “Mejor Unidos”.

La portavoz y lideresa ‘in pectore’ de Cs’ está mirando a los tres territorios que tienen elecciones este año -Cataluña, País Vasco y Galicia- lo que implicaría que la marca conjunta tendría implantación en cuatro comunidades, habida cuenta de que en Navarra ya fueron de la mano en las últimas elecciones con la marca ‘Navarra Suma’.

“Me encantaría que el PSOE pudiera estar”, ha asegurado cuando le han planteado por qué expulsa a los socialistas del club del constitucionalismo, pero inmediatamente después ha hecho lo mismo que hace siempre, pedir una ‘rectificación’ dando por hecho que la formación de Pedro Sánchez está equivocada. Su impresión, ha dicho, es que en las tres comunidades que tiene en mente los socialistas preferirán perseverar en sus pactos con populistas y nacionalistas.

Al margen de que pueda ser discutible que la etiqueta de ‘constitucionalista’ sea patrimonio exclusivo del PP y de Ciudadanos, la propuesta de Arrimadas tiene algunas sombras que sin duda van a motivar un debate complejo, en el caso de que prospere. Por parte de los populares, no parece que vaya a haber muchos obstáculos ya que Pablo Casado fue quien más insistió en extender la fórmula de Navarra Suma a todo el país, convirtiéndola en España Suma para las últimas elecciones generales. Entonces no lo consiguió porque Cs ni tan siquiera contemplaba la posibilidad del batacazo que finalmente sufrió en las urnas y ahora le ponen en bandeja la posibilidad de hacer realidad su proyecto, beneficiándose además de los votos de una formación que hasta ahora ha tenido una fuerte implantación en Cataluña, donde el PP es un partido marginal.

Ahí, en Cataluña, es precisamente donde pueden surgir los primeros problemas. Por una parte, no parece que a los populares les vaya a convencer la idea de ceder el protagonismo de la candidatura a los naranjas. Por otra, no es probable que a Ciutadans, germen y baluarte del partido nacional, le parezca bien disolverse en las listas del PP. En cuanto al PSC, Arrimadas ha afirmado que preferiría que el primer secretario de esta formación, Miquel Iceta, opte por “un acuerdo constitucionalista” y no por “un Gobierno tripartido con ERC”. Pero, de momento, ha sido la diputada del PP por Barcelona y portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, quien ha aplaudido con mal disimulado entusiasmo la oferta de Arrimadas. “Yo me alegro profundamente de que Cs contemple ahora esa opción para Cataluña”, ha declarado.

Otra pata endeble de la propuesta es que no contempla en ningún caso la inclusión de Vox en la ecuación. “Ellos se han descartado de manera tajante y Cs aquí es coherente: si no nos abrimos a hacer gobiernos de coalición con Vox, no nos abriremos a hacer coaliciones electorales con Vox”, ha proclamado Arrimadas. Lo que no ha contemplado es que la extrema derecha de Santiago Abascal es la que ha permitido que gobiernen PP y Cs en ayuntamientos y comunidades de tanto peso como Madrid y Andalucía. Habrá que ver por tanto cómo reacciona ante el veto de Arrimadas y si, en el caso de que sus votos sean indispensables como en el caso antes mencionado, le impedirían ‘tocar poder’ en territorios en los que ya le gustaría poder condicionar políticas para imponer su sesgo ideológico.

La gran sombra es, no obstante, la evidencia de que la suma de votos de distintos partidos nunca es aritmética. Igual que muchos votantes de Cs podrían emigrar al PSC en Cataluña, donde el PP tiene muy escaso tirón, en otros lugares de la geografía nacional, Galicia en concreto, los votos naranjas acabarían siendo azules. Y, en general, todo indica que la formación de Casado sería la más beneficiada en ese matrimonio de conveniencia. Solo hay que recordar que Cs perdió dos millones y medio de votos en las elecciones del 10-N que lo redujeron a una exigua representación de 10 diputados en el Congreso y que muchos de esos votos que antes habían ido a parar a su zurrón se decantaron por el PP.

Aunque Arrimadas ha señalado que con esta propuesta su partido no se diluye y lo ha calificado de “centro liberal y regenerador”, lo cierto es que en los últimos tiempos se ha escorado claramente hacia la derecha. Incluso, tiene la mirada puesta en el Gobierno de la nación para tratar de arrebatárselo con su fórmula a un partido “populista” como Podemos, que forman un Gobierno apoyado por independentistas hasta tal punto, ha subrayado, de que el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, “está marcando el rumbo”. La diferencia con la España Suma de Casado es que ella bautiza a la operación como “vía 221”, en alusión a su propósito de juntar en el Congreso los escaños del PSOE, del PP y de Cs para, desde este espacio, facilitar el nuevo Gobierno. Lanzó la idea de cara a la investidura de Pedro Sánchez y tampoco funcionó. Por ello, ha expresado su pesimismo con que el Partido Socialista entre en la vía de posibles alianzas en Galicia, País Vasco y Cataluña.

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