José Trejo, navegante y coordinador logístico de viajes, lleva 14 veranos recorriendo Groenlandia. Habla con conocimiento de causa y sin estridencias. Y su diagnóstico es claro: Estados Unidos no cae mal en la isla ártica. Al contrario. En ese matiz —aparentemente menor— podría estar la verdadera baza de Donald Trump.
Groenlandia: enorme, helada… y estratégica
Groenlandia es el territorio menos poblado del planeta: el 80% de su superficie está cubierta de hielo, no existen carreteras entre ciudades y la vida se concentra casi exclusivamente en la costa. Con apenas 0,026 habitantes por kilómetro cuadrado, es un gigante geográfico con alma de pequeñas comunidades.
Administrativamente, se trata de un territorio autónomo del Reino de Dinamarca, con amplias competencias internas, aunque la política exterior y la defensa siguen dependiendo de Copenhague. Una relación, advierte Trejo, marcada por décadas de tensiones.
El viaje que encendió las alarmas
El 7 de enero, Donald Trump Jr. aterrizó en Groenlandia en una visita que calificó de “extraoficial”. El contexto no era inocente: su padre llevaba semanas deslizando la posibilidad de una adhesión de Groenlandia a Estados Unidos.
No era la primera vez. Pero esta vez, el mensaje encontró un terreno más receptivo.
Vivir en Groenlandia: pesca, ayudas y resistencia
José Trejo conoce el día a día de la isla más allá de los titulares.
“La economía se basa casi por completo en la pesca y la exportación de pescado. No hay mucho empleo. Mucha gente vive de la caza local y de las ayudas que llegan desde Dinamarca”.
El transporte es el gran talón de Aquiles: sin carreteras, los desplazamientos son marítimos o aéreos. En invierno, el clima convierte cualquier trayecto en una operación delicada.
“El sur es especialmente inestable. Estamos en el paralelo 60, donde chocan masas frías y cálidas. De aquí salen muchas de las tormentas que luego llegan a Europa”.
¿Por qué Trump quiere Groenlandia?
Hay tres razones clave que explican el interés estadounidense:
Posición geoestratégica
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos ya utilizó Groenlandia como escudo frente a la URSS. Hoy mantiene una base aérea activa en la isla, esencial para el control del Ártico.
Nuevas rutas comerciales
El deshielo está abriendo corredores marítimos que acortan de forma drástica las rutas entre continentes.
Recursos bajo el hielo
Petróleo, gas y tierras raras, fundamentales para la industria tecnológica y militar, comienzan a ser accesibles gracias al cambio climático.
La clave silenciosa: el ánimo de los groenlandeses
Aquí entra en juego la visión del extremeño.
Para desvincularse de Dinamarca y buscar otra vía, Groenlandia debería convocar un referéndum de independencia. Legalmente es posible. Políticamente, complejo.
Pero socialmente…
“La sensación es que no les disgusta la idea. Históricamente han tenido fricciones con Dinamarca y quieren ver otras opciones. Por eso, de algún modo, le hacen ojitos a Estados Unidos”.
No es una cuestión de banderas, sino de expectativas de futuro, inversión, empleo y autonomía real.
LUPA DEx
- Groenlandia no es un territorio hostil a EE. UU.
- Existe malestar histórico con Dinamarca.
- El deshielo acelera su valor estratégico.
- Trump no habla solo de geopolítica: habla de oportunidad.
Conclusión DEx
Mientras Europa observa el Ártico con cautela, Estados Unidos actúa. Y lo hace sabiendo que, más allá del hielo y los mapas, la opinión de los groenlandeses es el verdadero terreno a conquistar.
José Trejo lo resume sin épica, pero con precisión extrema: cuando un pueblo empieza a mirar alternativas, alguien acaba llamando a la puerta. Y esta vez, la llamada viene de Washington.







