Los resultados de las elecciones del 26-M, y pasadas éstas y las de hace mes y medio, podemos hacer una razonable reflexión respecto a lo que son fuerzas constitucionalistas y las que no lo son. Así se puede ser constitucionalista o no conforme a dos principios que dan sentido a la misma Constitución:

Se puede considerar en primer lugar la cuestión del ámbito, la Constitución lo es del Reino de España y como tal tiene sentido en tanto y en cuanto lo mantiene como un todo; serán constitucionalistas aquellas fuerzas políticas que no cuestionen este principio, aunque lo lleven desde el centralismo más radical al mismo Estado Federal, pero siempre en el conjunto: España. No lo serán las que pretenden la independencia y disgregación de sus partes en otras partes independientes de la matriz; siendo contrarios a la idea de unidad diversa desde un Estado fuertemente descentralizado hasta un Estado federal, pero en cualquier caso leales e una España completa y unida; quede claro ser independentista es estar al margen de la Constitución. Raya Roja.

De igual forma en su sentido político la Constitución establece que somos una democracia, una democracia social y de derecho, en definitiva una democracia occidental; serán constitucionalistas quienes no pongan en duda este principio y no lo serán quienes pretendan imponer otro. El fascismo, el nacionalsocialismo y el falangismo por un lado; y el marxismo, el leninismo y el comunismo por otro pretenden acabar con todas y cada una de las democracias sociales y de derecho para imponer una dictadura, bien nacional, en los tres primeros casos; bien del proletariado en los tres segundos, siempre dictaduras sin mayor calificativo donde se persigue a las personas por su ideología y se prohíbe la libertad de pensamiento, de cátedra y de prensa. En España ningún partido se define ideológicamente como fascista o nacionalsocialista y un grupo irrelevante se sigue definiendo como falangista (641 votos en toda España en abril de 2019) pero en España si hay unos partidos y una coalición de partidos que si se definen ideológicamente como marxistas leninistas y comunistas, concretamente la coalición de Unidas Podemos e Izquierda Unida, junto con la amalgama de satélites de la misma, incluida naturalmente Ahora Madrid, que lidera el expedientado Errejón, expedientado por cobrar sin trabajar dicho sea de paso.

Las etiquetas interesadas son una cosa, la realidad ideológica otra; el Partido Socialista Obrero Español, Ciudadanos y el Partido Popular van de la Izquierda a la Derecha, pasando por el centro izquierda, el Centro y el centro derecha; Podemos se declara Marxista, Leninista y Comunista sin reparos en la extrema izquierda; Vox nunca se ha declarado fascista, nacionalsocialista o falangista en momento alguno; esta es la realidad mal que pese a algunos.

Por todo ello, antes que las diferencias ideológicas entre los constitucionalistas, debería primar esa condición en sus pactos y acuerdos: ser o no ser afecto a las ideas fundamentales que plasma la Constitución que se resumen en dos palabras: España y Democracia, Democracia y España, y tras ello acometer conjuntamente una serie de reformas fundamentales que posibiliten la defensa de esos pilares determinantes de nuestra convivencia. No es nada que no esté legislado en otros países; en Francia son ilegales los partidos que atenten contra la unidad territorial de la Nación; en Alemania son ilegales los partidos de ideología nacionalsocialista y en Polonia los de ideología comunista.

Está claro, para un español un independentista no da recorrido de colaboración alguno; y para un demócrata un totalitario no tiene color, lo es y punto.

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